La despiadada sensación quejumbrosa
se convierte en fracaso mentido
por un espasmo somnoliento
sin profanar la duda en la añoranza.
Dudo, pero mientras recreo el pasado,
intento convertirnos en luchas atroces,
imaginando derretirnos en cuerpo
y acelerarnos por no morir veloces.
Las caricias como veleros secretos,
ausentes por los destellos quebrantados
en la cúspide de los pecados misteriosos,
fueron como guerreros hambrientos.
El elixir no cupo en la manta,
yació antes de mirarse desnudo,
derramó su destino añejo
sin encontrar su pena consumida.
Adictos en el crepúsculo,
destruimos el tiempo deshecho
y el pudor se culminó equivoco,
solo bastó un amanecer alborotado.
Ahora, desembocamos,
derrochamos los ósculos,
intentamos buscar caminos
con el intento de mirarnos.
Navegamos los dos soñadores
fundidos en abismos radiantes,
llamados paraísos infernales.