Vaya, parecía que todo seguía igual que ayer, ayer cuando simplemente amanecía, miraba en el refrigerador, algo se me antojaba para almorzar, o a veces no, desenmarañaba mis ojos medio adormilados, les vestía con un poco de rayos de Sol y luego, luego caminaba por el pasillo de mi casa, volvía a la recamara, un poco fatigado por el insomnio del día anterior, me recostaba en mi cama aún en pijama, reflexionaba un poco, miraba la pared violeta así como queriendo sacarle platica, era la mejor escena entre ella y yo, era un coqueteo, me cortejaba y le sonreía medio tímido, que buenos momentos vivimos mi querida pared y yo.
Ahora me resulta imposible creer que todo lo maravilloso con la pared era un simple espejismo de media noche, resulta que un día mientras dormía, tuve una pesadilla tremenda, sólo recuerdo que me sobresalté y mi SÍSTOLE-DIASTOLE sin parar como un tren a kilómetros por hora, sentí la fuerza con que se me sacudía aquella maquina que todos llaman corazón, me fue imposible retornar al sueño, por un momento quise sentirme su pared, ser su parte más suya, dejar de llamarme Óscar para ser parte de su simple pared, de su trozo de cemento decorado con pintura violeta, justo como mi nombre sería al unirme a su dulce miel violeta.
No me quedaba más que arrancarme la piel que me sostenía los órganos, y el escurrido líquido que llaman sangre, y los huesos duros y bien nutridos, y que cada sentenciada voz dejase de gritar un poco y se volviese viento de un eco inoportuno que supiese a mar y a nubes.
Cuando desperté aquel día, me dí cuenta que la alarma sonaba sonaba y sonaba pero mi profundo sueño y agotado cuerpo estaban como derrotados sobre esta cama en la que me encuentro ahora mismo, no podía creer que una de mis manos estuviera sobre, dentro del libro que leía la noche anterior, estaba ahí, metida en esas páginas así como arena movediza, me asusté, di un grito y luego carcajeé, era asombrosa aquella escena de imposible creencia, lo más curioso es que del libro se escurrían terrones como de tierra, sí, así como de arena, sentía como mi cuerpo se volvía libro, y no pared como lo había soñado. Tan grande era mi berrinche que me puse a llorar como niña, semejante cuerpo y de voz ronca, solté las primeras lagrimas.
Aquel espejismo de media noche estaba lejos de mi extrovertida mente, elevé mi libro-mano al cielo y aquella arena se convertía en mí, era algo maravillosamente sublime, mis cabellos, falanges, piernas, brazos, todo era parte de un libro que se sentía arena y mitad humano.
Al despertar tuve que lavarme la cara, salí de casa con libros y libros en mochila y el desayuno un poco apretado, de nueva cuenta el bus me dejaba por quedarme dormido. Me llamo Óscar y siento que vivo para contar la siguiente historia que nunca conté...
-¡¡Buen día Gente Bonita!!-
Ahora me resulta imposible creer que todo lo maravilloso con la pared era un simple espejismo de media noche, resulta que un día mientras dormía, tuve una pesadilla tremenda, sólo recuerdo que me sobresalté y mi SÍSTOLE-DIASTOLE sin parar como un tren a kilómetros por hora, sentí la fuerza con que se me sacudía aquella maquina que todos llaman corazón, me fue imposible retornar al sueño, por un momento quise sentirme su pared, ser su parte más suya, dejar de llamarme Óscar para ser parte de su simple pared, de su trozo de cemento decorado con pintura violeta, justo como mi nombre sería al unirme a su dulce miel violeta.
No me quedaba más que arrancarme la piel que me sostenía los órganos, y el escurrido líquido que llaman sangre, y los huesos duros y bien nutridos, y que cada sentenciada voz dejase de gritar un poco y se volviese viento de un eco inoportuno que supiese a mar y a nubes.
Cuando desperté aquel día, me dí cuenta que la alarma sonaba sonaba y sonaba pero mi profundo sueño y agotado cuerpo estaban como derrotados sobre esta cama en la que me encuentro ahora mismo, no podía creer que una de mis manos estuviera sobre, dentro del libro que leía la noche anterior, estaba ahí, metida en esas páginas así como arena movediza, me asusté, di un grito y luego carcajeé, era asombrosa aquella escena de imposible creencia, lo más curioso es que del libro se escurrían terrones como de tierra, sí, así como de arena, sentía como mi cuerpo se volvía libro, y no pared como lo había soñado. Tan grande era mi berrinche que me puse a llorar como niña, semejante cuerpo y de voz ronca, solté las primeras lagrimas.
Aquel espejismo de media noche estaba lejos de mi extrovertida mente, elevé mi libro-mano al cielo y aquella arena se convertía en mí, era algo maravillosamente sublime, mis cabellos, falanges, piernas, brazos, todo era parte de un libro que se sentía arena y mitad humano.
Al despertar tuve que lavarme la cara, salí de casa con libros y libros en mochila y el desayuno un poco apretado, de nueva cuenta el bus me dejaba por quedarme dormido. Me llamo Óscar y siento que vivo para contar la siguiente historia que nunca conté...
I. Goretti.®
-Una historia más de mis dedos incompresibles, locos y soñadores como su tinta-
A más de un mes, retomo este medio, mi espacio, tu espacio, la universidad me pide casi tiempo completo, pero he vuelto a dejar mi huella.
Amante de las letras y siempre amiga de ustedes...-¡¡Buen día Gente Bonita!!-
