La expresión que hace mi rostro es la del asombro inminente, me recuerda a una fotografía tomada desde mi siempre descuido y con el susto burlón. Diría que mi poca cordura es la culpable de mis actos controvertidos, por eso no asumo responsabilidad sobre mis ademanes, lo cual me beneficia, puedo manipular mi famoso drama de la manera más insulsa o suculenta, el caso es interpretar elocuencias personales que surjan desde lo más infantil de la prudencia. Hablo de niñerías maduras, desgajar la precocidad de las pieles que nos revisten con cierto misterio de timidez; ironías las mías.
He transcurrido casi dos décadas buscando lo esencial de vivir, la curiosidad se expande cada día por aquí, por allá, arriba, abajo, a un lado, al otro, al rededor, encima de, a lo lejos, a un lado, frente a.
He recogido los sucesos más simbólicos, los hice película y luego los deposité en mi femenino pensamiento, los enmarqué y les hice caminar sobre la alfombra roja de mi nombre.
He rebuscado el significado de la vida misma, cayendo en el error más tardío, lo cuál me llenó de melancolía absoluta; a punta de golpes en la pared, sobre los libros, en el minuto inamovible de mi silencio, frente a esos paraísos de paisajes reunidos en la memoria, supe que por su esencia eran lo más mismo.
He memorizado un poema ajeno, uno sólo uno, que me remueve y me sensibiliza de manera más enigmática y me transporta a otros cuerpos de mi pasado, (del gran Benedetti); de los muchos míos son la mera evocación, prefiero releer la divina poesía de los intelectuales más y menos solicitados, encontrarme con él, admirarle en silencio, conversar uno a uno en silencio y sentir una y mil veces esa opresión sobre mi pecho, distinguir a simple vista el poder que ejerce de nuevo, lo jugoso de sus versos.
He sucumbido en los fragmentos de mi memorable poemario SI LEEN CIO al abrirlo con libertad tantas veces, reconocí que fue el mejor ciclo para florecer la semilla de poeta principiante.
"Todo menos tú"
De las manos se me escapa
un silencio doblegado,
en el secreto mutilado,
en el grito de la espera.
De los ojos se me escapa
el abrigo de los tuyos,
que jugaban con prudencia
en lo curioso de nuestro morbo.
De las voces, me queda
tu nombre mencionado,
en el júbilo desnudado.
De los brazos, me queda
el último abrazo decembrino
que robé de tu firmeza
a la vuelta del suspiro.
De la vida, me queda
lo inadvertido que fuiste
al posarte frente a mis ojos
y quedarte necio, corazón.
I. Goretti. ®


