miércoles, 3 de octubre de 2012

Día 39. La continuidad de la sangre.

Continuación:
Me llamo Óscar y siento que vivo para contar la siguiente historia que nunca conté...

Desplacé mi copa hasta la orilla de la mesa, era una noche majestuosa, en  los escurridos ventanales se anunciaban los bramantes chapuceros y el renacer de un nuevo cielo, era el momento de un viernes sin Julio,  el más inquietante de los días, me hervía la sangre de la emoción y no podía romper el caudal de la rebeldía que sucumbía mis deseos descubiertos por la incandescente lluvia desconocida.

Fue la profunda duda  que se atrevía a cruzar mi confusa desesperación de sueños en ese hermoso lugar donde la gente se consumía los ojos y se succionaban con besarse, en algunas miradas el disimulo les vencía y a pocos melancólicos que disfrutaban el escenario que la entallada noche ofrecía como anunciando los bramantes chapuceros y el renacer de un nuevo cielo se les desplomaba la continuidad de la sangre al compás de las manecillas que marcaban los tiempos sin tiempo y con marcha desesperada de maullar. 

Mi suerte resucitó vacilante por la maravilla que antepusieron en mis ojos. Se nublaron las chispas de mis pupilas descritas en el llanto de Julio y todo tan pronto como el agujero negro estaba infértil, aquella inocente y flamante lluvia absorbió los líquidos escarlata que se remolineaban por el envase en forma de cuerpo, las vertebras fueron comprimidas a su merced, mi envoltura fue conjuro de sus deseos hasta volverme el más inmundo de los hombres sobre la faz del universo.
Jamás creí que se trozarían esas chispeantes miradas que tergiversaban como cualquier espíritu deambulando descaradamente frente a los ojos de los gatos y de los míos, aterrorizados y estupefactos, pobres, sentí todo al mismo tiempo, todo revuelto y en desorden, se me desprendió la voluntad de las manos y nadie, nadie salía a mi auxilio, sólo estaba yo, ahora bajo el caudal de la rebelde noche que sucumbía esos deseos incontrolables de ser su furia y su bravura. No podía permanecer más tiempo allí, me sentía una pequeñez aplastada sobre la banqueta, nadie venia a mi auxilio, sólo estaba yo, todo era un desorden, mis brazos amontonados y yo sin la posibilidad de desprenderme hasta afanarme en su mirada angelical y voraz. Nadie comprendía mi razón de ser, todos pensaban que sufría algún trastorno a raíz de aquel accidente que sufrió mi cuerpo cuando intentaba lanzarme a los brazos de la exquisita e inmaculada lluvia.

A lo mejor si me volvía una locura para la sociedad, pero para aquella excitante lluvia sería el Dios que adoraría sus fervientes derrames que anunciaban los bramantes chapuceros y el renacer de un nuevo cielo.

-¡Oh! Lluvia, amada mía, vuestro corazón se fundirá cuando mi lluvia interior escarlata se transforme con vos, y tu lluvia con la mía sean lo que nunca pensamos ser, una alcancía de caricias almacenadas en la inmensidad de cada cielo desconocido, alcemos los corazones y callemos el eco en un suspiro erotizado y silenciado, a la fuga, abandonemos la sensación de existir y arrojemonos como la lluvia de cada vida misma.-
FIN.
                                                                                                    I. Goretti.®




jueves, 27 de septiembre de 2012

Día 38. Espejismos de media noche.

Vaya, parecía que todo seguía igual que ayer, ayer cuando simplemente amanecía, miraba en el refrigerador, algo se me antojaba para almorzar, o a veces no, desenmarañaba mis ojos medio adormilados, les vestía con un poco de rayos de Sol y luego, luego caminaba por el pasillo de mi casa, volvía a la recamara, un poco fatigado por el insomnio del día anterior, me recostaba en mi cama aún en pijama, reflexionaba un poco, miraba la pared violeta así como queriendo sacarle platica, era la mejor escena entre ella y yo, era un coqueteo, me cortejaba y le sonreía medio tímido, que buenos momentos vivimos mi querida pared y yo.

Ahora me resulta imposible creer que todo lo maravilloso con la pared era un simple espejismo de media noche, resulta que un día mientras dormía, tuve una pesadilla tremenda, sólo recuerdo que me sobresalté y mi SÍSTOLE-DIASTOLE sin parar como un tren a kilómetros por hora, sentí la fuerza con que se me sacudía aquella maquina que todos llaman corazón, me fue imposible retornar al sueño, por un momento quise sentirme su pared, ser su parte más suya, dejar de llamarme Óscar para ser parte de su simple pared, de su trozo de cemento decorado con pintura violeta, justo como mi nombre sería al unirme a su dulce miel violeta.
No me quedaba más que arrancarme la piel que me sostenía los órganos, y el escurrido líquido que llaman sangre, y los huesos duros y bien nutridos, y que cada sentenciada voz dejase de gritar un poco y se volviese viento de un eco inoportuno que supiese a mar y a nubes.

Cuando desperté aquel día, me dí cuenta que la alarma sonaba sonaba y sonaba pero mi profundo sueño y agotado cuerpo estaban como derrotados sobre esta cama en la que me encuentro ahora mismo, no podía creer que una de mis manos estuviera sobre, dentro del libro que leía la noche anterior, estaba ahí, metida en esas páginas así como arena movediza, me asusté, di un grito y luego carcajeé, era asombrosa aquella escena de imposible creencia, lo más curioso es que del libro se escurrían terrones como de tierra, sí, así como de arena, sentía como mi cuerpo se volvía libro, y no pared como lo había soñado. Tan grande era mi berrinche que me puse a llorar como niña, semejante cuerpo y de voz ronca, solté las primeras lagrimas. 

Aquel espejismo de media noche estaba lejos de mi extrovertida mente, elevé mi libro-mano al cielo y aquella arena se convertía en mí, era algo maravillosamente sublime, mis cabellos, falanges, piernas, brazos, todo era parte de un libro que se sentía arena y mitad humano. 

Al despertar tuve que lavarme la cara, salí de casa con libros y libros en mochila y el desayuno un poco apretado, de nueva cuenta el bus me dejaba por quedarme dormido. Me llamo Óscar y siento que vivo para contar la siguiente historia que nunca conté...
I. Goretti.®

-Una historia más de mis dedos incompresibles, locos y soñadores como su tinta- 

A más de un mes, retomo este medio, mi espacio, tu espacio, la universidad me pide casi tiempo completo, pero he vuelto a dejar mi huella.
Amante de las letras y siempre amiga de ustedes...

-¡¡Buen día Gente Bonita!!-

viernes, 24 de agosto de 2012

Día 37. Buenas nuevas.


Parece como si la tierra me hubiese tragado, pero no, no es así, las cosas han salido maravillosamente, ha sido ésta una semana fantástica y repleta de cosa por hacer, regreso a la universidad, compra de cuadernos, materiales para la carrera, pendientes y más pendientes, en fin, una gran semana, comenzando por los nuevos compañeros, los ya conocidos y tan extrañados, por los maestros nuevos, el ambiente... Todo, todo es una magia total, nada me hace más feliz que volver a las actividades que día con día te hacen crecer, madurar, aprender.

Me ha pasado mucho que dicen que soy muy seria, seria algo así como tímida, más los que no me conocen, claro, pero pienso yo que se equivocan rotundamente, aunque es mejor que me conozcan así con "seriedad" a que me descubran en medio de una vagancia de niños o algún momento de locura total donde no hay quien me detenga, ni el diablo mismo (jajaja).

Los fines de semana serán un poco más "light", pienso y creo o creo y pienso, que será adecuado escribir alguna buena nota cada fin de semana, proyectarles alguna buena nueva, o algún tema que cruce por mi alocada mente de-mente.

-Los libros me esperan, las tareas y demás, también, yo muy feliz atiendo cada libro que me pide ser leído. ¡YUPI!-

Sin más por el momento, dejo mis saludos.