En la
anchura de su horizonte como el arco iris recién formado, con sus colores
diversos, tan íntimamente unidos por el desvarío de la belleza interior que
emanaba pureza, paz, firmeza, feminidad, y que no sufría la agonía sólo hasta
originarse el embeleso que se clavaba en su memoria como una alianza de todo lo
incierto, de lo otro jamás pronunciado. Era como si de pronto apareciese
alguien en su vida y fuera capaz de recobrar sus instintos con el impulso de
ser quien fue, y acelerar la rebeldía incandescente.
Al
poco tiempo de convertirse en un anhelo y despertar la inspiración del arte en
la luna iluminada se le obligó a decir su apellido con melancolía y grisácea
aspereza, tal que fuera capaz de ahuyentar el bramido de la noche que anunciaba
tantas cosas, tantas que se volvía la fragilidad para la esencia de lo que ella
era, de lo que fue concebida cuando se le vio nacer, fue bautizada con el
nombre de Mujer y el apellido de Procreación, esto último se volvió la condena
de los años indelebles que juzgaban la existencia de ella, de Mujer.
Pero
estaba convencida que en algún momento lo ilusorio de sus acabados internos
serían capaces de descubrir la explosión de la penumbra y morir, y renacer, y
volver a morir, bajo la posibilidad de ser descubierta y sentenciar su vida al precipicio
del olvido que sus yugos le obligaban a temer, pero esto terminaba por ser
pasajero y en el fondo sus deseos le producían el pensamiento más recóndito, el
más impronunciable y reprobado para terceros, era la realidad de una
cualquiera, pero ella, ella que su afán de volcarse como el mar, invadiendo con
sus olas entre las rocas, arrasando todo a su paso con el rugir del crepúsculo,
como una fiera, como una dama, como Mujer, acababa por evocar su entrega, en la
intensidad de las horas descomunales, olvidando su incapacidad para arrojarse a
lo confuso, se consumió las dudas, de modo que distorsionó su turbada identidad.
Pocas
horas del sol hacía brillar su incomparable belleza, seguramente las pasiones
guardadas la hacían lucir extraordinaria, era como el alba, tibia, como el
bosque a mediodía, viva, palpitante, como un sueño jamás vivido, más poderoso
que lo terrenal, abstracto en su pronunciar, silenciosa pero vivaz, era el
espectáculo de invierno abrumando serenidad en las miradas inexistentes que se
asomaban por el balcón, era un escape, una explosión inmóvil que generaba
curiosidad involuntaria, no era su virginal pureza lo que atraía, sino lo
sensible, lo estremecedor que con sus labios expresaba cuando tomaba la seriedad
más posible, era como la constelación en un eco de infinitos universos.
Y en
la claridad de su naturaleza cuando se encontraba sola, susurró suavemente
cuando cogía su mano al aire, un silencio desfigurado, reunió valentía y
alzando los ojos, consumió el compás de los latidos con la fuerza de la
libertad.
Libertad,
se hizo llamar, cuando alcanzó a dirigir su pasado y reclinando su respiración
sobre aquella espontanea meditación, encendió la sangre que se le había
congelado en las venas, se violentó y nació de la pena la latitud de los años no
vividos.
FIN
I. Goretti.®
Tematica del cuento: Dirigido a los genitales femeninos, englobando tres aspectos, primero, la creencia de la sexualidad de la mujer, luego, el deseo de los genitales femeninos de saber más y el impulso por encontrarlo, al final desemboca en el encuentro con su verdadera identidad sexual y el rompimiento del tabú de la sexualidad.
Personajes:
Narrador
Genitales femeninos ( con el nombre y apellido de "Mujer Procreación") al final ( su verdadero nombre "Libertad")


