Un poco de adrenalina no me vendría mal en este momento, la situación es que en ocasiones proclamo mis incongruencias con actos involuntarios ante la persona que está a mi lado (claro, si la conozco), y me cohíbo luego, es que de pronto me atribuyen etiquetas de demente y es incomodo que le repitan a uno lo que ya sabe que es.
Pero no es culpa mía, o al menos así pensaría alguien que sabe de sus estados emocionales. Yo por ejemplo, estoy de acuerdo en que las descargas sensitivas que sufre un individuo deberían ser sometidas a un estudio minucioso y sin fines de lucro, que indiquen el nivel de afección en la persona, sólo para tener más certeza de los hechos (si conocen alguno, avísenme ¿no?).
¿A caso a mi edad debería cuestionarme si la locura influirá en mi futuro no muy lejano?. Siempre me conformo con esa incertidumbre, pues retorno de la locura a los estados depresivos y los esfumo pronto con anécdotas triviales.
La resurrección de las letras me vino ayer, con esa frágil inocencia que me produjo pasiones humorísticas, y mañana, ya pidiéndome casi a gritos de rebeldía, el absurdo descontrol me indujo al abnegado susurro de mi tinta, y pretendí con delirio festejarle a la luna y despertar a su lado inexistente, con el aferrado amor de nunca acabar en el intento.
Le escribí a mi Romeo lo siguiente:
'Poema indeseable'
El suicidio
del R E L O J
era un acto de promesas
que recurrían siempre
a la necedad de quebrantar
las lluvias armónicas,
y escabullirse del pensamiento obsoleto,
huir de lo insolente que suena tu
N
O
M
B
R
E
al salir de mis labios, con ésta, tu presencia
A
U
S
E
N
T
E.
-Debo reservarme la necesidad de preguntarme "¿por qué él?"-
Largo, largo es el tiempo de nosotros, de querernos en ésta necia necesidad de necesitarnos. El estilo de mi sangre nunca se pierde, sólo se vuelca como quiere, existe pronunciada con esperas.


