En medio de los exámenes y los proyectos universitarios casi finales hay un hueco desesperado que penetra con insistencia en mis más profundos deseos por escribir, es como una especie de ánima desvergonzada que se remolinea por mi todo ser, a la hora que se le antoja, es una gracia encontrarla tan alegre que cuando me siento a escribir se pone de mi lado con la atención más infantil y emotiva que puede tener. A veces la comprendo tanto, carece de la voz que yo con suerte poseo, pero su mudez es alucinante, me sabe manejar a su antojo cuando se trata de escribir, es un juego de ausencias entre los dos, muchos le temen a esas cosas, dicen que son cosas del demonio o del más allá que acá, a mí me parece un asunto divertido, pienso en ocasiones que a lo mejor podría ser el ánima de Mario Benedetti u Octavio Paz, o quién sabe si a lo mejor corro con suerte y es de Alí Chumacero, Sor Juana Inés de la Cruz o de Pablo Neruda, si es de Juan Rulfo, Carlos Monsiváis, o que tal si del buen Jaime Sabines.
-Uno nunca sabe con que sorpresas le depara el destino-
-Uno nunca sabe con que sorpresas le depara el destino-
Aún no tengo claro si es hombre o mujer, si es novelista o poeta o las dos, y tampoco he mirado su rostro, no me inquieta mucho, yo creo que por eso me tiene cierto afecto y se le nota muy cómodo con mi nula insistencia por saber quién es. Lo amable de todo esto es que podemos conversar sin problema alguno, aunque no lo hago muy a menudo pues es muy peligroso que me cachen hablando "sola", a mí no me importa pero a él o ella le podría incomodar y lo que menos quiero son escándalos.
Es por ello que he decidido ocultarle a mi querida ánima sin nombre, ni rostro, ni voz, esto que he dejado aquí como antecedente, no quiero que se ofenda, herirla sería lo peor que podría yo hacerle, por eso le trato con cariño aunque con indiferencia a veces, es que he notado que cuando le eres indiferente a alguien, especialmente a una ánima, son como más tercas y te siguen como la sombra, son muy fieles, muy agradecidos.
Todo esto me parece algo monstruoso, pero me hace pensar que la locura es tan bendita y sagrada como el nombre que le ponen a uno desde nacimiento.
-Ni si quiera podría exigirme a mí misma ser cuerda, pues mi locura es más que mi propia cordura-
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Todo esto me parece algo monstruoso, pero me hace pensar que la locura es tan bendita y sagrada como el nombre que le ponen a uno desde nacimiento.
-Ni si quiera podría exigirme a mí misma ser cuerda, pues mi locura es más que mi propia cordura-
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