viernes, 27 de julio de 2012

Día 32. Arco Iris.

Casualmente, tenía algún tema del cual hablar, pero ésta ocasión me la sacaré de la manga, debido a que no sé que sucede con mis sentidos.

Hablando de cosas buenas, he podido darme cuenta que el tiempo ofrece tantas bellezas, te vas poniendo las cartas sobre la mesa y poco a poco comienza a fluir todo aquello que querías obtener, cumplir, continuar, y te proporcionas el tiempo verdadero para hacer lo que realmente vale en tu vida. Te permites abrir puertas que por miedo no intentabas empujar, ahora todo pinta mucho mejor, cada día es un destello constante de constelaciones que son descifrables, son lo que uno anhela con las fuerzas más fuertes.

Es entonces cuando te detienes, te contemplas hacia dentro, quieto, escuchas el palpitar del corazón, platicas con él, se entienden, respiran ambos, suspiran, se palmean el hombro, se miran y se regalan una sonrisa grata, luego, luego sabes que no hay dicha más grande que girar alguna de tus palmas, o las dos, y mirarlas, observarlas, imaginarles su profundidad, moverlas, acariciarlas, mimarlas, dejarles un beso, luego miras tus piernas, sí, con pies, dedos, morenas, blancas, del color que sean, jugueteas a mover los dedos, subes y bajas las rodillas, las abrazas, les hablas a su oído, luego, volteas hacia atrás y tienes tiempo para charlar con tu sombra, decirle cuanto le quieres y le estimas por la compañía constante, le elogias como lo harías contigo ante un espejo, le repites tu estimación y se hacen más amigos, luego, notas tu cabello, lo apapachas, lo peinas y lo haces sentir como la joya más preciada, luego brincas a tus ojos, ¡qué hermosos! cafés son los míos, pero obscuros, verdes, azules, del color que sean, los vuelves a elogiar, los haces sentir los más divinos ojos, como en una pasarela de famosos V.I.P., luego sin decir alguna palabra, te devuelves a tu interior, sabes que ahí dentro de ti, se esconden los secretos más preciados de cada individuo, los vuelves a mirar, los abrazas, les das el amor más puro y sincero que nadie nunca les haya dado.

A lo mejor pensarán que es una locura todo lo que digo, pero es una especie de ritual en la que sólo eres tú y nadie más, simplemente existes para quererte más y convertirte en un arco iris, en la pintura de la vida que sólo eliges de qué color será el recorrido que des mientras te haces tú mismo, mientras le entregas amor al cuerpo tuyo a base de mimos, de elogios, de sonrisas propias.

-¿Cuántas veces lo has hecho en la vida?-

Alguna vez te has detenido a contemplarte de tal forma y ser el arco iris, sentirte más que humano, alcanzar esa individualidad de ser, singular, inigualable, amado por uno mismo. 

Dedicamos la mayoría de la vida elogiando, amando, pensando, llorando, cuidado, mirando, a otra persona que a veces nos hiere, o no, pero ¿cuándo le has pedido perdón o le has llorado, o regalado algo, o cuánto lo quieres y se lo has dicho? ¿cuándo?

Si no lo has hecho, es momento, te reto a encontrarte, a enriquecerte con el mejor mimo y afecto que le puedas ofrecer a tu cuerpo, a tu vida, regalale sonrisas y no tristezas.

ABRAZATE CON EL AMOR DE UN ARCO IRIS;
el más grande, el más brillante,
el más bello e inmejorable, 
y solo para ti.




miércoles, 25 de julio de 2012

Día 31. Renuncias.

Después del Día 30 he tratado de evadir las notas... Así comenzó la nota, me detuve en el sexto párrafo, me di cuenta que algo andaba mal, leí, y sí, ese amor pasado ha desgarrado muchas veces mi sentir más profundo, pero preferí suprimir todo lo triste y consumista, destrocé las lagrimas de una vez, retorcí la pena y le puse la expresión de burlona.

Me dispuse a concluir con una pintura que comencé en el 2011 por ahí de Agosto, luego la abandoné por falta de inspiración y de tiempo, luego vino la entrada a la Universidad y le arrumbé por los más de seis meses, luego vinieron las vacaciones y quise proseguir, pero las continuas salidas "vamos aquí, allá, y acullá" no me lo permitieron, no pude ofrecerle el debido tiempo.


Aquella tarde de desconsuelo, renuncié a todo, a él y volteé mi pintura sobre su caballete y me renuncié ante sus cuatro paredes imaginarias, renuncié en secreto, en la fantasía, renuncié a al tiempo y juré ser el pincel en esclavitud, huí del insoportable sentimiento devastado, me perdí como las aves en la noche, o la luna entre las nubes, me fugué del pensamiento, renuncié al todo, sin pausas, con agitaciones de locura, me detuve hasta mañana, me escondí entre los tubos del óleo, manchadas mis manos, no di explicaciones de mis actos violentos y acelerados, líneas, puntos, líneas, firmamento, ciudades, rodante bicicleta, luna clara, intranquilo silencio el existir de mis parpados mutantes, terminé, vaya tiempo, vaya resultado, me ha encantado el resultado final, le hice su poema pequeño y su título se derramó por mi cabeza como un grito muy gritado, lo anoté con prontitud y orgullosa felicidad, pero aún sigue incompleta, falta lo más importante, su firma de su autor, ¡vaya cosa!, esperaré a que algo vagabundeé por mi mente y salte de la cama, firmo y listo, pero mañana será, que se oreé por mientras.


RENUNCIAS
Casualmente, te recuerdo,
te recuerdo casualmente,
y aunque renuncie a tu nombre
no renuncio a tu rostro,
renuncio a tu presencia
pero no renuncio tu voz,
renuncio al olvido,
renuncio a todo menos a ti,
renuncio pero no lo renuncio,
renuncias complicadas
que riman si las complico,
somos complicados.


Amor que extraño, te extraño
en la risa y en el frío,
cuando extraño el otoño efímero,
efímero y amado.
Amor gritado, concurrido.


Hay amores casualmente inolvidables,
casualmente el amor inolvidable es injusto.


Insoportable, desespero.
He besado sueños,
un sueño fue besarte
pero renuncié frágil,
frágil en la renuncia de la aurora.


Penas de esperanza,
dolor del día que brota,
que brota el dolor sin pena,
presa en el capricho,
capricho de tenerte,
sufrimientos del pasado,
el desdén naufragado; esclarezco,
olvidarme, renunciarse, complicado,
inolvidable, besarte,
forcejeo de las caricias,
abandono, ilusión,
la puerta se cerró.


I. Goretti. ®



jueves, 19 de julio de 2012

Día 30. Especialmente Tuya.

PIEL DE ARENA
En ocasiones, hubo llantos en los recovecos del fértil acantilado donde un eco pronunciaba el prestigio de su nombre, ofrecía la ruptura de un humilde bosquejo con la mirada mansa de él.

Con la impertinente coreografía que translucía en los recónditos ojos de su alcoba, decidí convertir mi cuerpo en arena, me desterré del bramido humedecido por los guardianes de la noche, renuncié a la esencia, a la personalidad del cuerpo curvado, para convertirme en la blandura de la sed que llegase hasta su vientre en forma de lluvia  llevada por el viento, y jugar con el silencio, merodear por los latidos suyos y desvestir la contemplación huérfana que se quedaba pobre, pobre de pasión.

Crujían las veladoras en la calma de la noche, el miedo reflejado se desvanecía con las heridas del aliento entristecido, se apagaba la iluminada luz de la luna casi clara, y encontré en su horma un estuche entreabierto que buscaba el horizonte valiente de alguien. Era un fantasma indestructible, dolor, profano de la soledad, desbordante escena quimérica del soldado derrotado.

-¡Incendio en su pasado!-

Mis pasos le pronunciaban con delicadeza, no soy el aire que derrama silencios feroces; soy el silencio que vaga por el viento, yo soy el chapucero mágico que buscan tus brazos. Sujeté el reloj que leía una trova, su afonía suspendió los polvos cósmicos que se convertían en alas de un cielo derramado por la ferocidad de sus olas, eramos una tranquila hoguera de carne y sangre, arena por doquier, relámpagos, era mi aire sentenciado, sosteniendo las partículas de piel que tomaban su rumbo, mi polvorienta escena de melodías congruentes eran su aserrín de cada día; fuimos llanura del beso, y el inmaculado desierto de sus manos retornaba por la felicidad de nuestros ojos, esclarecimos junto a la aurora con el trueno de los pájaros, revoloteamos como gaviotas y trazamos una historia de la calle.

Doblegamos la dureza del corazón, el rompimiento del orgullo nos compuso un verso donde pudiéramos encontrar el nido de la piel que nos escavara silencios mórbidos, que nos acechará en la cristalina felicidad del crepitar de nuestro ser. 

I. Goretti. ®


Guardé la nota de este día, pues va dirigida a una persona que cumplirá años muy pronto, pero sería demasiado imprudente hacerla el mismísimo día, por razones muchas.

Desearía gritar tu nombre
con la misma delicadeza que grita el silencio un te quiero en tu nombre.

Especialmente tuya,
Culpable de mis silencios de cada día.


M.A.O. ~