PIEL DE ARENA
En ocasiones, hubo llantos en los recovecos del fértil acantilado donde un eco pronunciaba el prestigio de su nombre, ofrecía la ruptura de un humilde bosquejo con la mirada mansa de él.
Con la impertinente coreografía que translucía en los recónditos ojos de su alcoba, decidí convertir mi cuerpo en arena, me desterré del bramido humedecido por los guardianes de la noche, renuncié a la esencia, a la personalidad del cuerpo curvado, para convertirme en la blandura de la sed que llegase hasta su vientre en forma de lluvia llevada por el viento, y jugar con el silencio, merodear por los latidos suyos y desvestir la contemplación huérfana que se quedaba pobre, pobre de pasión.
Crujían las veladoras en la calma de la noche, el miedo reflejado se desvanecía con las heridas del aliento entristecido, se apagaba la iluminada luz de la luna casi clara, y encontré en su horma un estuche entreabierto que buscaba el horizonte valiente de alguien. Era un fantasma indestructible, dolor, profano de la soledad, desbordante escena quimérica del soldado derrotado.
-¡Incendio en su pasado!-
Mis pasos le pronunciaban con delicadeza, no soy el aire que derrama silencios feroces; soy el silencio que vaga por el viento, yo soy el chapucero mágico que buscan tus brazos. Sujeté el reloj que leía una trova, su afonía suspendió los polvos cósmicos que se convertían en alas de un cielo derramado por la ferocidad de sus olas, eramos una tranquila hoguera de carne y sangre, arena por doquier, relámpagos, era mi aire sentenciado, sosteniendo las partículas de piel que tomaban su rumbo, mi polvorienta escena de melodías congruentes eran su aserrín de cada día; fuimos llanura del beso, y el inmaculado desierto de sus manos retornaba por la felicidad de nuestros ojos, esclarecimos junto a la aurora con el trueno de los pájaros, revoloteamos como gaviotas y trazamos una historia de la calle.
Doblegamos la dureza del corazón, el rompimiento del orgullo nos compuso un verso donde pudiéramos encontrar el nido de la piel que nos escavara silencios mórbidos, que nos acechará en la cristalina felicidad del crepitar de nuestro ser.
I. Goretti. ®
Guardé la nota de este día, pues va dirigida a una persona que cumplirá años muy pronto, pero sería demasiado imprudente hacerla el mismísimo día, por razones muchas.
Desearía gritar tu nombre
con la misma delicadeza que grita el silencio un te quiero en tu nombre.
Especialmente tuya,
Culpable de mis silencios de cada día.M.A.O. ~

Hola colega paso a felicitarte por tu buen blog y a invitarte al mio que hice recientemente.Muy bonitos tus escritos, llenos de sentimiento
ResponderEliminarCon todo gusto mi estimado amigo, gracias la cálida visita a mi blog. Visitaré tu espacio.
EliminarUn abrazo fuerte.