miércoles, 2 de enero de 2013

Día 45. Ayeres.


Estuvimos a punto de acabarnos las miradas que se escondían en los bolsillos con ímpetu, casi ajenos, al principio de una dulce caricia que nos sostuvo con la fragancia de un beso.

Nos cobijamos del frío, con los ayeres de un recuerdo, lanzando un quejido al viento moribundo, inventamos primaveras que pudiesen salvarnos del invierno que atravesaba nuestros frágiles huesos de seda, éramos como la incesante lluvia que cabalgaba penas en cada rincón sin esquinas, y transcurrieron las inquietudes de encontrarnos piel con piel, devorarnos el cabello con premura, hasta incendiarnos, así como persiguiendo el capricho de agotar la noche sin prejuicios.

Incrédulos, con las manos descubiertas, nos dijimos tantas cosas, en la complicidad de la oscuridad que nos sostenía los labios con urgencia de nuestros latidos revueltos, desaforados.

Casi tan pronto como pudimos despertamos tantas cosas y mis ayeres eran tus ayeres, ayeres que crujían como hojas al pisarlas, estábamos perplejos ante la carencia de nombres que se fusionaban, el insomnio, la flama, lo incierto, la brisa, el calor. Nuestros ayeres tenían formas, colores, risas, recuerdos, aromas, tenían sueños dispuestos a descubrirse en el ocaso y culminarse en las auroras sin destino, tenían ayeres que se sentaban a esperar la señal de arrojarse en sus anhelos.

El murmullo de la risa amparó la latitud de nuestros cuerpos, casi en júbilo y con besos afortunados nos sujetamos a la vida que nos trazaba sin el límite de cada boca melancólica.

Y a nuestra suerte, mala suerte, acabó con los ayeres, tus ayeres, mis ayeres, que fueron ayeres que se prohibieron sin mirarse, cuando la taza de café heló y tú, tú no pudiste sostenerte más, entonces, hasta entonces vibró una lágrima que desmoronó la dualidad del silencio y el griterío, fue hasta entonces que nuestros ayeres fueron el uno mismo y el más ajeno a la memoria, y el secreto alcanzó a pronunciar su entrega y convertirse en ayer
con la última taza de café
                       y dos cuerpos,
                                     y dos voces,
                                                   y una cama,
                                                           y una memoria,
                                                                           y un suspiro,
                                                                                        y un latido...
                                                                                                       Y un ayer.

I. Goretti.®


viernes, 21 de diciembre de 2012

Día 44. Utopías.

De todas aquellas utopías mías que llegaron a formar parte de mi pensamiento murmurado, y que mencionarlas una a una sería poco prudente de mi parte, un desatino, diría yo. Entre todas ellas hubo una que fue irrealizable, durante dos años se valió de cada partícula mía, del éter, del hoy y del mañana, de cada suspiro, de lo triste, de lo amargo, de todo lo malo, y lo bueno.

-¿Quién diría que sería capaz de fugarme hasta tu nombre y volcarle poesías silenciosas?-

Y estuviste ahí, latente, mágico, extraño, frágil, atento y audaz, con promesas incumplidas, ilógico, con locura, fugaz, esporádico, confuso, luego efímero, con sonrisas en la voz, ardiente, con la mirada quieta, inteligente y coqueto, siempre silencioso y misterioso, inquieto y con lo travieso en las palabras así como queriendo saberme más.


Fue el infinito de cada día, una dosis del veneno favorito, la compañía más disfrutable, una agonía, un lamento, un cielo, un infierno, el deseo, lo callado, el sueño, el vuelo, la tranquilidad y mi delirio, el destino, la vida, el dolor, la imaginación, la suerte, lo hermoso, el nombre; él fue la noche y el día, el abrazo y el beso, la caricia, el murmullo, la mirada, la fuerza, lo voraz, lo envolvente, lo nuestro, lo tuyo, lo mío, lo tibio, lo diferente, lo sabroso, lo tímido, el juramento, el te quiero, el te odio, el te extraño, el engaño, la ternura, la franqueza, la brisa, la lluvia, el sol, las nubes, el arcoíris, la luna y las estrellas, la marea, las olas, la tormenta, el desierto, el fuego, el tiempo, el universo, el olvido, la entrega, lo ingrato, la crueldad, lo vasto, el alma, mi cura, lo improbable, la posibilidad, el encuentro, la emoción más bonita, fue lo auténtico, el recuerdo, el instante, lo sincero, lo intenso, la canción, el tatuaje, el juego, la carcajada, la pena, el oxígeno, el agua; él fue la piel y más allá, lo distante, lo ajeno, lo compartido, la mentira, el invierno, el verano, la primavera, mi otoño, fue lo primero, lo oculto, la historia, el segundo, la despedida, la promesa, lo loco, lo tonto, lo importante, lo maduro, tantas cosas.

Él fue la chispa, el hechizo, el corazón, el latido, el consentido, lo incomprensible, lo valioso, la transparencia, lo indiscreto, la pertenencia falsa, mi horizonte, el viaje al firmamento, la bendición, lo capaz, él fue la risa, la paz, la armonía, la libertad, los colores, la luz, la oscuridad, la herida, el secreto, el celo, el destello, lo gélido, el brillo, el escalofrío, lo complicado, lo deseable, lo prohibido, lo interesante, lo inteligente, lo encantador, lo elegante, lo hombre, lo caballero, lo absurdo, la razón, mi razón, la existencia, la tempestad, lo profundo, lo depresivo, lo impulsivo.

Él fue el aroma, la inmensidad, el escape, la distancia, la confusión, la memoria, la pasión, el terciopelo, el renacer, el insomnio, la perdición, lo ausente, la duda, la devoción, el placer, el arte, la confianza, la pérdida, lo clandestino, lo humano, la bondad, lo aberrante, lo extremo, lo atento, lo sencillo, lo perverso y juguetón, lo incierto, lo inolvidable, el grito, la muralla, la frontera, la ropa, la desnudez, lo terso, el temblor, lo peor y lo mejor, lo terco, lo alegre, la dulzura, lo irresistible, la necedad, lo real e irreal, el objetivo, la costumbre, la soledad, el ayer, el hoy, el futuro, la esperanza, el sabor, la sangre, las mariposas, el eclipse de luna y sol, la fantasía, lo feroz, las alas, el vuelo, el culpable, lo hermoso, lo maravilloso, la búsqueda, el perfume, él era el rostro, las manos, los ojos, las orejas, los pómulos, la nariz, los labios, las piernas, el cabello, el carisma, los gestos, los pasos, el caminar, la voz, el silencio, mi silencio, el joven, lo excepcional, mi medicina, el conocimiento, el orgullo, mi religión, el embeleso, el calor, la barbarie, mi dueño, mi brújula, la semana, el mes, el aniversario, el ejemplo, la admiración, lo contradictorio, él fue el licor, el humo, la playa, el mensaje, lo inesperado, el café, los libros, el amor, la palabra, la tinta, la inspiración, la poesía, mi poema, él fue mi todo. Y ahora simple, sencillo como la nada.



lunes, 10 de diciembre de 2012

Día 43. Mujer.


En la anchura de su horizonte como el arco iris recién formado, con sus colores diversos, tan íntimamente unidos por el desvarío de la belleza interior que emanaba pureza, paz, firmeza, feminidad, y que no sufría la agonía sólo hasta originarse el embeleso que se clavaba en su memoria como una alianza de todo lo incierto, de lo otro jamás pronunciado. Era como si de pronto apareciese alguien en su vida y fuera capaz de recobrar sus instintos con el impulso de ser quien fue, y acelerar  la rebeldía incandescente. 

Al poco tiempo de convertirse en un anhelo y despertar la inspiración del arte en la luna iluminada se le obligó a decir su apellido con melancolía y grisácea aspereza, tal que fuera capaz de ahuyentar el bramido de la noche que anunciaba tantas cosas, tantas que se volvía la fragilidad para la esencia de lo que ella era, de lo que fue concebida cuando se le vio nacer, fue bautizada con el nombre de Mujer y el apellido de Procreación, esto último se volvió la condena de los años indelebles que juzgaban la existencia de ella, de Mujer.

Pero estaba convencida que en algún momento lo ilusorio de sus acabados internos serían capaces de descubrir la explosión de la penumbra y morir, y renacer, y volver a morir, bajo la posibilidad de ser descubierta y sentenciar su vida al precipicio del olvido que sus yugos le obligaban a temer, pero esto terminaba por ser pasajero y en el fondo sus deseos le producían el pensamiento más recóndito, el más impronunciable y reprobado para terceros, era la realidad de una cualquiera, pero ella, ella que su afán de volcarse como el mar, invadiendo con sus olas entre las rocas, arrasando todo a su paso con el rugir del crepúsculo, como una fiera, como una dama, como Mujer, acababa por evocar su entrega, en la intensidad de las horas descomunales, olvidando su incapacidad para arrojarse a lo confuso, se consumió las dudas, de modo que distorsionó su turbada identidad.

Pocas horas del sol hacía brillar su incomparable belleza, seguramente las pasiones guardadas la hacían lucir extraordinaria, era como el alba, tibia, como el bosque a mediodía, viva, palpitante, como un sueño jamás vivido, más poderoso que lo terrenal, abstracto en su pronunciar, silenciosa pero vivaz, era el espectáculo de invierno abrumando serenidad en las miradas inexistentes que se asomaban por el balcón, era un escape, una explosión inmóvil que generaba curiosidad involuntaria, no era su virginal pureza lo que atraía, sino lo sensible, lo estremecedor que con sus labios expresaba cuando tomaba la seriedad más posible, era como la constelación en un eco de infinitos universos. 

Y en la claridad de su naturaleza cuando se encontraba sola, susurró suavemente cuando cogía su mano al aire, un silencio desfigurado, reunió valentía y alzando los ojos, consumió el compás de los latidos con la fuerza de la libertad.
Libertad, se hizo llamar, cuando alcanzó a dirigir su pasado y reclinando su respiración sobre aquella espontanea meditación, encendió la sangre que se le había congelado en las venas, se violentó y nació de la pena la latitud de los años no vividos.
FIN
I. Goretti.®


Tematica del cuento: Dirigido a los genitales femeninos, englobando tres aspectos, primero, la  creencia de la sexualidad de la mujer, luego, el deseo de los genitales femeninos de saber más y el impulso por encontrarlo, al final desemboca en el encuentro con su verdadera identidad sexual y el rompimiento del tabú de la sexualidad. 
Personajes: 
Narrador
Genitales femeninos ( con el nombre y apellido de "Mujer Procreación") al fina ( su verdadero nombre "Libertad")