miércoles, 27 de junio de 2012

Día 23. Cuento de la oportunidad.

Labré su nombre entre castillos con enormes corredizos y alegría por doquier, fui muchas veces una dama de la oscuridad que se encendía por las noches simplemente para iluminar su cielo y convertirnos en la tinta indeleble que trazara constelaciones jamás vistas por el universo entero.


No era la voluntad la que impedía nuestro deseo de ser el poema fértil de cada amanecer en el lecho de una pluma amada y transparente, sino era el temor más grande que nos sujetaba de una cuerda floja directamente al precipicio, podría un pacto salvarnos el alma, claro, he ahí nuestra esperanza.
No tardamos en darnos cuenta que fuimos un juego de mesa, una diversión de manos ajenas y pérfidas,  nos convirtieron en la mira, las piezas mal jugadas nos fueron el daño más grande que podríamos contener en la vida insulsa del uno sin el otro.

Me vi recompensada después de tanto lamento y tristeza con una estrella que me mirase como protectora de mis caminos inciertos, en cambio a él, parece que recibió la muerte, sujetaba una nota, aunque no le fue tan bien como a mí, cuando su rostro helado y con expresión nula de felicidad me di cuenta que algo andaba mal, corrí hasta sus brazos y me negó, la nota se evaporó en mis manos cuando querían explicación clara, era alguna broma seguramente, si, una broma. Él, en momentos se marchó llevándose algo que lo cubriese de las temperaturas de allá afuera, lo poco que le pude observar eran unas pequeñas lagrimas que se acomodaron en las huellas que dejó al principio de su partida inexplicable, me mantuve quieta, incomprendida por aquella escena sin explicación, reaccioné un poco después de que aquel hombre ya no se divisaba entre mis ojos perdidos, corrí hasta el pequeño chapucero donde había depositado un poco de su alma y sujeté por un momento esas derramadas y tristes gotas de sus ojos. Tomé con un puño un poco de viento, lo apreté, lo estrangulé, lo asesiné con mis manos de dama, juraba sentir la desdicha más grande y el dolor más golpeado.

Al pasar los años, quizás décadas incontables, lamentaba tanto el error más auténtico que pudieron cometer mis ojos,  lo vi con esta ceguera inútil y bastarda pero nunca le pedí que me llevase con él, a lo mejor me negaría pero me habría encantado jurarle ante esta luna y su estrella que me iluminan sin razón de sus texturas, lo más sincero y entregado que pudieran mis labios pronunciar por él. Pero me detuvieron y me prohibieron las manos para coger las suyas y declararle al mundo que sin ti un paso no es más que una nada si no es conjunto de los dos.

Denuncié la violación a nuestra felicidad, pero el tiempo se había carcomido, era una oportunidad que se había podrido ya. Con el tiempo esa carta por extrañas razones estuvo en mis manos, yo en desconcierto la miré, la leí, la observé, la sostuve, la olí, la toqué... Era él... me explicaba las razones de su partida, él creyó que mi vida estaba puesta en los ojos de alguien más que me llenaría con su dicha y que él no representaba ni lo más mínimo para mí, al parecer le mintieron igual que a mí, él me miró con su dulzura más varonil a través de su pequeña carta, no podía entender la razón de las segundas oportunidades, pero ahora que son posibles lucharé por lo que siempre se mantuvo vivo aunque me cueste la mitad de la eternidad.

-Creo en las segundas oportunidades, pero... si tienes una antes que la segunda ¿por qué no aprovecharla? para no lamentarse después-

...


Día 22. Noches de espera.

Me fui convirtiendo en algo cotidiano de lo cual me aburrí con el pasar de los días, pronto sentí que algo no estaba bien, o a lo mejor mi inspiración decayó sin razón, o quizás fue el sinsabor de los últimos días  que me robaron por un momento. Pero ¿por qué olvidar mi espacio donde no se nos juzga la libertad del habla? 


Sólo me siento a esperar la noche con una frase que huye de los pensamientos más temerosos por mi sangre fría y persistente, después de una huida sin respuesta en mi dulce Mayo, sin palabra, sin nada; sin una despedida reciproca.
Sólo me despierto cuando se me agotan las horas nocturnas en la pesadez de la cama, no es el colchón incomodo, es la insolencia del silencio que me busca y me observa con esa rebeldía tan abrumadora que prefiero desvanecer con el sonido insistente de mi pequeño ventilador.


A lo mejor es el calor quien a veces últimamente me roba un sueño tranquilo, no, yo insisto en que es algo más que un simple silencio lo que me despierta en horas irracionales, aunque no buscaré respuestas vagas a mis sucesos extraños. No me gustaría pensar que es él quien viene a visitarme cada noche a mis sueños con él, no quiero imaginarme que sea verdad, y para tener más certeza de ello debería preguntárselo, mínimo por teléfono, pero ¡NO!, no intentaré otra de mis muchas escenas del mentado "te extraño", mejor me pongo a esperar la noche con ésta pequeña frase de arrullo y finjo un autentico sueño dibujado en mis ojos clandestinos.


"Cuán frágil es la noche cuando el cielo llora y no existe abrigo para sus llantos gélidos."
  I. Goretti.



Elogio al silencio mundano
Y se nos despoblará poco a poco el pensamiento
con este préstamo del tiempo que fue utilizado
para filmar nuestras vidas cruzadas.

Y se nos irá acabando el motivo de olvidarnos,
pero jamás de seguir como escribanos.

Y se nos escaparán las oportunidades que tuvimos
cuando estuvimos a la altura de la mirada
y detuvimos el tiempo para que fuese nuestro cómplice.

Y será un elogio el efímero silencio mundano
que guardo en mis trotes de ausencia resucitada.

Y serán las antologías que escriba como despiadada
cuando en mis brazos se derrumbe
el último deseo de abrazarte y sentir tu cercanía.

Pero, sólo será mío ese fervor de apretujar con pasión
i
n
e
x
p
l
i
c
a
b
l
e
esa duda que engendraste en mis nostalgias
cuando parecía extinguirse la palabra
A
         M
                  O
                          R
                                de mi vocabulario.
I. Goretti.


-¡Caray! cómo la palabra se vuelve suya y mía y se menciona por sí sola como si fuese tan sólo el deseo cumplido de su cada día-


jueves, 21 de junio de 2012

Día 21. Alquilar tu Corazón.



Podría escribir los versos más hermosos que jamás se hayan escrito y ser la poeta más famosa de los tiempos, podría acaso ser la mortal que te jure amor eterno y te llene de regalos la vida entera, cuánto no lo haría por el amor tan apasionado que te tengo, pero me reservo todo eso, me reservo tantas cosas que me encantaría aclamarte con el pecho abierto y entregado, traficar en tu boca lo cautivo de mis deseos vendidos, o decorarle a tu otoño mi primavera, y trazarnos fugaces en los amaneceres del olimpo, con la sentencia de mil palabras censuradas por nuestros cabellos descubiertos y por estos labios incandescentes que pueden descifrar el irrevocable atardecer de tus perfumados latidos.

Y evocarnos en el adagio que nos pertenece, como si fuéramos una esquizofrenia de sonrisas mágicas, acariciando el mar con sus olas decoradas en la noche que se van acomodando en el silencio de tu pecho insólito, hasta agotarnos las extremidades del alba en la incansable lucha del delirio que me causas.

Podría yo, convertirme en el elixir que corra por tu ser, rechazar el olvido como el perpetuo y único guardián de la amarga despedida que nos alcanza a deshora, o borrar de tu memoria aquellas sombrías agonías que reinaron en algunos momentos de la vida arrastrándote por los abismos de la soledad, y curar las tristezas que se acomodaron en tu rostro descompuesto y maltratado cuando todo parecía derrumbarse. Desbocarnos en la fantasía devoradora con ímpetu, desordenando el pasado de la pena que sujetaba recuerdos opacos, con caricias moribundas, ademanes sutiles que descubran los rincones más inexpertos de la noche, prometiendo el revestimiento del esqueleto inerte.

Y condenarnos a la inspiración entre la bruma de tus labios, embriagarnos de felicidad y fundirnos sin compasión, detrás de aquel  espejo que nos mira y nos imita, imaginando en los reflejos el disfrute del necio revoltijo de sabores consumidos que se mezclaban con austeridad en tus manos.

Pero se me escapa el aliento, y puede que no entiendas, pero no me conformo con alquilar tu corazón, tenerte como mi colección y cuidar del trofeo más preciado y observarlo por lunas y lunas en ausencia, prefiero por una sola vez tomar prestada tu noche y re-inventarnos juntos como el eslabón de nuestros poros que jurasen un pacto de tiempo sin tiempo, de reconstrucción de pieles que gritan ser caricia, pero prefiero más la espera que jamas tenerte, prefiero tu amor irrevocable, tu amor en años, que sólo un día de inciertas miradas amorosas, te prefiero a ti que al deseo de la condena.


 A mi Romeo.