Podría escribir los versos más hermosos que jamás se hayan escrito y ser la poeta más famosa de los tiempos, podría acaso ser la mortal que te jure amor eterno y te llene de regalos la vida entera, cuánto no lo haría por el amor tan apasionado que te tengo, pero me reservo todo eso, me reservo tantas cosas que me encantaría aclamarte con el pecho abierto y entregado, traficar en tu boca lo cautivo de mis deseos vendidos, o decorarle a tu otoño mi primavera, y trazarnos fugaces en los amaneceres del olimpo, con la sentencia de mil palabras censuradas por nuestros cabellos descubiertos y por estos labios incandescentes que pueden descifrar el irrevocable atardecer de tus perfumados latidos.
Y evocarnos en el adagio que nos pertenece, como si fuéramos una esquizofrenia de sonrisas mágicas, acariciando el mar con sus olas decoradas en la noche que se van acomodando en el silencio de tu pecho insólito, hasta agotarnos las extremidades del alba en la incansable lucha del delirio que me causas.
Podría yo, convertirme en el elixir que corra por tu ser, rechazar el olvido como el perpetuo y único guardián de la amarga despedida que nos alcanza a deshora, o borrar de tu memoria aquellas sombrías agonías que reinaron en algunos momentos de la vida arrastrándote por los abismos de la soledad, y curar las tristezas que se acomodaron en tu rostro descompuesto y maltratado cuando todo parecía derrumbarse. Desbocarnos en la fantasía devoradora con ímpetu, desordenando el pasado de la pena que sujetaba recuerdos opacos, con caricias moribundas, ademanes sutiles que descubran los rincones más inexpertos de la noche, prometiendo el revestimiento del esqueleto inerte.
Y condenarnos a la inspiración entre la bruma de tus labios, embriagarnos de felicidad y fundirnos sin compasión, detrás de aquel espejo que nos mira y nos imita, imaginando en los reflejos el disfrute del necio revoltijo de sabores consumidos que se mezclaban con austeridad en tus manos.
Pero se me escapa el aliento, y puede que no entiendas, pero no me conformo con alquilar tu corazón, tenerte como mi colección y cuidar del trofeo más preciado y observarlo por lunas y lunas en ausencia, prefiero por una sola vez tomar prestada tu noche y re-inventarnos juntos como el eslabón de nuestros poros que jurasen un pacto de tiempo sin tiempo, de reconstrucción de pieles que gritan ser caricia, pero prefiero más la espera que jamas tenerte, prefiero tu amor irrevocable, tu amor en años, que sólo un día de inciertas miradas amorosas, te prefiero a ti que al deseo de la condena.
A mi Romeo.
A mi Romeo.


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