viernes, 21 de diciembre de 2012

Día 44. Utopías.

De todas aquellas utopías mías que llegaron a formar parte de mi pensamiento murmurado, y que mencionarlas una a una sería poco prudente de mi parte, un desatino, diría yo. Entre todas ellas hubo una que fue irrealizable, durante dos años se valió de cada partícula mía, del éter, del hoy y del mañana, de cada suspiro, de lo triste, de lo amargo, de todo lo malo, y lo bueno.

-¿Quién diría que sería capaz de fugarme hasta tu nombre y volcarle poesías silenciosas?-

Y estuviste ahí, latente, mágico, extraño, frágil, atento y audaz, con promesas incumplidas, ilógico, con locura, fugaz, esporádico, confuso, luego efímero, con sonrisas en la voz, ardiente, con la mirada quieta, inteligente y coqueto, siempre silencioso y misterioso, inquieto y con lo travieso en las palabras así como queriendo saberme más.


Fue el infinito de cada día, una dosis del veneno favorito, la compañía más disfrutable, una agonía, un lamento, un cielo, un infierno, el deseo, lo callado, el sueño, el vuelo, la tranquilidad y mi delirio, el destino, la vida, el dolor, la imaginación, la suerte, lo hermoso, el nombre; él fue la noche y el día, el abrazo y el beso, la caricia, el murmullo, la mirada, la fuerza, lo voraz, lo envolvente, lo nuestro, lo tuyo, lo mío, lo tibio, lo diferente, lo sabroso, lo tímido, el juramento, el te quiero, el te odio, el te extraño, el engaño, la ternura, la franqueza, la brisa, la lluvia, el sol, las nubes, el arcoíris, la luna y las estrellas, la marea, las olas, la tormenta, el desierto, el fuego, el tiempo, el universo, el olvido, la entrega, lo ingrato, la crueldad, lo vasto, el alma, mi cura, lo improbable, la posibilidad, el encuentro, la emoción más bonita, fue lo auténtico, el recuerdo, el instante, lo sincero, lo intenso, la canción, el tatuaje, el juego, la carcajada, la pena, el oxígeno, el agua; él fue la piel y más allá, lo distante, lo ajeno, lo compartido, la mentira, el invierno, el verano, la primavera, mi otoño, fue lo primero, lo oculto, la historia, el segundo, la despedida, la promesa, lo loco, lo tonto, lo importante, lo maduro, tantas cosas.

Él fue la chispa, el hechizo, el corazón, el latido, el consentido, lo incomprensible, lo valioso, la transparencia, lo indiscreto, la pertenencia falsa, mi horizonte, el viaje al firmamento, la bendición, lo capaz, él fue la risa, la paz, la armonía, la libertad, los colores, la luz, la oscuridad, la herida, el secreto, el celo, el destello, lo gélido, el brillo, el escalofrío, lo complicado, lo deseable, lo prohibido, lo interesante, lo inteligente, lo encantador, lo elegante, lo hombre, lo caballero, lo absurdo, la razón, mi razón, la existencia, la tempestad, lo profundo, lo depresivo, lo impulsivo.

Él fue el aroma, la inmensidad, el escape, la distancia, la confusión, la memoria, la pasión, el terciopelo, el renacer, el insomnio, la perdición, lo ausente, la duda, la devoción, el placer, el arte, la confianza, la pérdida, lo clandestino, lo humano, la bondad, lo aberrante, lo extremo, lo atento, lo sencillo, lo perverso y juguetón, lo incierto, lo inolvidable, el grito, la muralla, la frontera, la ropa, la desnudez, lo terso, el temblor, lo peor y lo mejor, lo terco, lo alegre, la dulzura, lo irresistible, la necedad, lo real e irreal, el objetivo, la costumbre, la soledad, el ayer, el hoy, el futuro, la esperanza, el sabor, la sangre, las mariposas, el eclipse de luna y sol, la fantasía, lo feroz, las alas, el vuelo, el culpable, lo hermoso, lo maravilloso, la búsqueda, el perfume, él era el rostro, las manos, los ojos, las orejas, los pómulos, la nariz, los labios, las piernas, el cabello, el carisma, los gestos, los pasos, el caminar, la voz, el silencio, mi silencio, el joven, lo excepcional, mi medicina, el conocimiento, el orgullo, mi religión, el embeleso, el calor, la barbarie, mi dueño, mi brújula, la semana, el mes, el aniversario, el ejemplo, la admiración, lo contradictorio, él fue el licor, el humo, la playa, el mensaje, lo inesperado, el café, los libros, el amor, la palabra, la tinta, la inspiración, la poesía, mi poema, él fue mi todo. Y ahora simple, sencillo como la nada.



lunes, 10 de diciembre de 2012

Día 43. Mujer.


En la anchura de su horizonte como el arco iris recién formado, con sus colores diversos, tan íntimamente unidos por el desvarío de la belleza interior que emanaba pureza, paz, firmeza, feminidad, y que no sufría la agonía sólo hasta originarse el embeleso que se clavaba en su memoria como una alianza de todo lo incierto, de lo otro jamás pronunciado. Era como si de pronto apareciese alguien en su vida y fuera capaz de recobrar sus instintos con el impulso de ser quien fue, y acelerar  la rebeldía incandescente. 

Al poco tiempo de convertirse en un anhelo y despertar la inspiración del arte en la luna iluminada se le obligó a decir su apellido con melancolía y grisácea aspereza, tal que fuera capaz de ahuyentar el bramido de la noche que anunciaba tantas cosas, tantas que se volvía la fragilidad para la esencia de lo que ella era, de lo que fue concebida cuando se le vio nacer, fue bautizada con el nombre de Mujer y el apellido de Procreación, esto último se volvió la condena de los años indelebles que juzgaban la existencia de ella, de Mujer.

Pero estaba convencida que en algún momento lo ilusorio de sus acabados internos serían capaces de descubrir la explosión de la penumbra y morir, y renacer, y volver a morir, bajo la posibilidad de ser descubierta y sentenciar su vida al precipicio del olvido que sus yugos le obligaban a temer, pero esto terminaba por ser pasajero y en el fondo sus deseos le producían el pensamiento más recóndito, el más impronunciable y reprobado para terceros, era la realidad de una cualquiera, pero ella, ella que su afán de volcarse como el mar, invadiendo con sus olas entre las rocas, arrasando todo a su paso con el rugir del crepúsculo, como una fiera, como una dama, como Mujer, acababa por evocar su entrega, en la intensidad de las horas descomunales, olvidando su incapacidad para arrojarse a lo confuso, se consumió las dudas, de modo que distorsionó su turbada identidad.

Pocas horas del sol hacía brillar su incomparable belleza, seguramente las pasiones guardadas la hacían lucir extraordinaria, era como el alba, tibia, como el bosque a mediodía, viva, palpitante, como un sueño jamás vivido, más poderoso que lo terrenal, abstracto en su pronunciar, silenciosa pero vivaz, era el espectáculo de invierno abrumando serenidad en las miradas inexistentes que se asomaban por el balcón, era un escape, una explosión inmóvil que generaba curiosidad involuntaria, no era su virginal pureza lo que atraía, sino lo sensible, lo estremecedor que con sus labios expresaba cuando tomaba la seriedad más posible, era como la constelación en un eco de infinitos universos. 

Y en la claridad de su naturaleza cuando se encontraba sola, susurró suavemente cuando cogía su mano al aire, un silencio desfigurado, reunió valentía y alzando los ojos, consumió el compás de los latidos con la fuerza de la libertad.
Libertad, se hizo llamar, cuando alcanzó a dirigir su pasado y reclinando su respiración sobre aquella espontanea meditación, encendió la sangre que se le había congelado en las venas, se violentó y nació de la pena la latitud de los años no vividos.
FIN
I. Goretti.®


Tematica del cuento: Dirigido a los genitales femeninos, englobando tres aspectos, primero, la  creencia de la sexualidad de la mujer, luego, el deseo de los genitales femeninos de saber más y el impulso por encontrarlo, al final desemboca en el encuentro con su verdadera identidad sexual y el rompimiento del tabú de la sexualidad. 
Personajes: 
Narrador
Genitales femeninos ( con el nombre y apellido de "Mujer Procreación") al fina ( su verdadero nombre "Libertad")

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Día 42. Toreando Firmamentos.

Sentí que esta noche sería perfecta para escribirle a la honorable noche, me senté como de costumbre no muy frecuente, frente al monitor, esperando a que pasara como rayo mi amada inspiración, no quise esperarle más, las ansias revoloteaban y entonces comencé a escribir.

Esto fue lo último que escuché de aquella boca que en un momento único, conversación a dos, ella me dijo...

-Gracias, es un halago que alguien escriba sobre mí, ni mis hermanos harían esto-

En aquel pasar de saliva, revuelta, revolcada por un sentimiento de placer, de emoción, de paz, esbocé una sonrisa con la sinceridad más enorme que pudiese existir, hasta me sentí en plenitud cuando el viento se deslizaba en aquel silencio que podría volverse inquieto entre nuestras miradas de amistad. Fue entonces que me preparé para conocer una historia jamás contada por alguien en carne y hueso, una historia que a lo mejor me hubiera gustado vivir, para contar, pero esta vez fue mucho mejor de lo que creí.

Sin duda me sentía muda, intranquila, deseosa, disimulaba un poco con la sonrisa, desvariaba y me reservaba la voz para no arruinar el momento. Pronto me convertiría en el mar sin fronteras, con las manos llenas de voces ajenas, con los ojos y la memoria de un atardecer, recordando la quietud de su implacable legado.
No quise dejarme al descubierto pero fue una sensación enardecedora, en algún momento tendría que saberlo, pero no sabía cómo, cuándo. Pude contenerme las ganas de explotar, pude sentirme el firmamento que toreaba nubes, alcanzando el apogeo de mi sangre, cuanto más y más me se tragaban mis oídos sus palabras me remontaba a los años en que la marea de toros caía sobre mis hombros, tomé el mejor ángulo del relato prestado y lo disfruté como quien escribe un poema, con el esmero preciso, ella era elocuente, sagaz, tan minuciosa para ponerle la atención más mágica, era, era la fascinación que me arrasaba en los gestos ocultos, aniquilaba mi juicio, lo estrujaba, era demolido por aquella inigualable escena de entrega, mi vida se debatía entre la guerra interminable del paisaje que con su aliento me trazaba muy contenta, era un eco que pronunciaba la bravura de su pecho que ardía como sólo los apasionados saben, nadie pudo hablarme antes de lo bello que puede ser un toro, nadie pudo mejor que ella mostrarme que en la sangre se lleva la pasión por ver toreando firmamentos.

Aún siento como me devoraba con sus palabras, creí que sería succionada por el agujero negro que rodeaba la calma y la contemplación de la locura, pedía más, yo quería más, y mi capricho fue cumplido, fue que me relató entonces su gran amor por los caballos, esa libertad, su vuelo, le descubrí la mirada atrevida cuando un brillo rodó por sus pupilas y ella estaba allí, inmóvil, alucinada por la travesía que cruzábamos con tan sólo los segundos.

Me conmovió tanto saborear de nuevo aquella intensidad de las cosas, saber que personas como ella guardan en su interior inquietud, tienen algo que los personifica como tal, es la esencia de cada quien, es una cualidad mayor que me revela curiosidad, que me impulsa contemplación, sigilo, casi una observación compulsiva, obsesiva, así me disfracé, y entonces encontré que mis "víctimas" tienen algo en común, se valen por un similar infinito, pero es el secreto que conservaré en un libro que sigue intacto, intacto desde aquella vez que un mismo aliento me robó el sueño.

En esta nota resalta mi estimación y admiración 
por mi amiga Ariana J. 

Prometiendo la continuidad de esta historia
que me revuelve los sentidos,
que se enmarca en nuestras páginas, mías. 
I. Goretti.®


martes, 23 de octubre de 2012

Día 41. El mismo aliento.

Un silencio momentáneo susurraba respuestas inesperadas, nadie murmuraba más que un suspiro liviano, lánguido y tímido venido de aquella inmensidad de nuestros ojos intrigados. Nos dispusimos a entrelazar historias, a sentenciar nuestras miradas con la lluvia de aquel anochecer, con la lluvia de su nombre pronunciado por nuestros latentes corazones; estábamos ante el nudo, la demora de saberlo todo, ante el revestir las sensaciones, lanzándonos a la textura de nuestro viento relatado por el misterio. Anunciábamos concordancias de miradas, gestos, realidades, encuentros y momentos preciosos, era el desprendimiento de los días rebuscados.

Nos arriesgamos en esencia, recogimos las hojas derramadas una y tantas veces por el árbol que nos llenó el alma, que nos engrandecía el sístole-diástole, la controversia provocada en la noche interminable, los suspiros entrecortados, la felicidad misma que nos sorprendió en el alba, tantas ocasiones que quisimos que fueran las eternas realidades de nuestra vida.

-¿Cuántas veces dije que te amaba, en silencio, con la mirada?-

Encendimos el recuerdo más verdadero, el más oportuno, nos miramos con el mismo aliento, eramos tan frágiles y sutiles, pero luego fuimos las tenaces y las que pudieron desnudar en sesenta minutos el recuento de nuestra semejante historia de amor. Nos comíamos las voces con el mismo aliento y eramos apresadas por la melancolía de la música, por la armonía de las luces y el entrometido aire que jugaba con nuestros cabellos. Pero no podíamos detenernos ya, no podíamos esperar más, queríamos todo y nada, y más que nada, lo quisimos tantas veces... A él.

Después de todo, nos sorprendimos con la sonrisa, sacudimos con sigilo al cielo, con deseo de alcanzar el fuego que nos arrullase la piel, como una caricia última palpitando, evocando al Octubre de nuestros amores, guardando en la memoria la aventura del peligro, la censura y travesura.

Fuimos el ingenio de los sueños,
fuimos pájaros con sonrisas perseguidas
de aspiraciones sembradas y fervientes,
de bramidos en los corazones vivos
y con el júbilo de la joven rebeldía.

En cambio; él. Él fue el desorden,
infalible en su desdén,
en el engaño que nos causó,
un desprecio en el respiro de cada día.

                                                                                                      I. Goretti.®


Y entonces, cuando acabada la conversación, contemplé el detenimiento con que hojeabas aquel libro, no me sorprendió, pues fue el mismo detenimiento con que hojee por primera vez aquel regalo.
Pero más que todo eso, agradecí la nueva amistad que surgió de aquella desconocida, de mi conversación con una nueva amiga.
Conversación a dos


sábado, 13 de octubre de 2012

Día 40. El hombre nube.



Aquella noche, sin esperar más, me dispuse a sentenciar a la luna con la mirada, dándole tiempo a las nubes a dispersarse por lo más extenso de su infinito cielo contorneado, hasta alcanzar por los paralelos mundos una escena que supiera estrechar sus elocuencias con mis enajenados murmullos que fui enmarañando en mi entrañable mente demente.

Nada, nada surgió de aquella memorable escena estupefacta que ocasionó en mi parálisis una emotividad tan grande y tan celosa, a lo mejor sería engañada por la silueta bien formada, por su abstracta vida intocable, inalcanzable, pero nunca sería quien sabría de olvidos como lo supieron todos aquellos hombres bardos, dejando su legado en el recoveco de cada biblioteca, de cada pensamiento y desdén, sino sería la carta implacable de argumentos falsos, hasta convertirse en el ímpetu del firmamento ocasionado; una burbujeante fuerza con que se vestía el hombre nube.

En libertad, sobresaltó el silencio de sus ojos, y con su quejido medio escondido se miraba entre espejismos pertenecientes a su veneno de medio día. Le asaltaron las palabras que transcurrieron en su piel de magia, volvía de donde nunca vino, de donde jamás se perteneció, se creía la vanidad de cada rayo de luz apresado por sus pensamientos infinitos, locamente en su conciencia era el primero de mis momentáneas controversias, y ya estaba ahí, entre mis cuestionamientos, pisando las miradas al paso, arrancando la quietud de sus moléculas esquizofrénicas, donde disimulaba su ansiedad de ser aire, de ser nube, infinito del todo. 

Comenzaba a creer que la tempestad volcaría con su inoportuno desvarío las renuncias nocturnas de su cuerpo vivo, pero fue un escape que reservaba el vacío de la inspiración, y sin palabras, en el silencio, me alcé, me centré, me dejé perpleja, en calma, me llevé a su interior de piel atravesada. Y morí en la estación donde la nube se convertía en hombre de chapuceros vehementes.

Y se fueron fragmentando las ansias de la curiosidad con los pájaros en la cabeza, cerca del lienzo, entrometiendo con las manos, con el mar superpuesto en las sienes sin fronteras, la incontenible locura renovada, observando la contemplación de sus prohibidos pasos en el grito frío que me dejó a su paso el margen de su lenguaje insólito.

I. Goretti.®

 

miércoles, 3 de octubre de 2012

Día 39. La continuidad de la sangre.

Continuación:
Me llamo Óscar y siento que vivo para contar la siguiente historia que nunca conté...

Desplacé mi copa hasta la orilla de la mesa, era una noche majestuosa, en  los escurridos ventanales se anunciaban los bramantes chapuceros y el renacer de un nuevo cielo, era el momento de un viernes sin Julio,  el más inquietante de los días, me hervía la sangre de la emoción y no podía romper el caudal de la rebeldía que sucumbía mis deseos descubiertos por la incandescente lluvia desconocida.

Fue la profunda duda  que se atrevía a cruzar mi confusa desesperación de sueños en ese hermoso lugar donde la gente se consumía los ojos y se succionaban con besarse, en algunas miradas el disimulo les vencía y a pocos melancólicos que disfrutaban el escenario que la entallada noche ofrecía como anunciando los bramantes chapuceros y el renacer de un nuevo cielo se les desplomaba la continuidad de la sangre al compás de las manecillas que marcaban los tiempos sin tiempo y con marcha desesperada de maullar. 

Mi suerte resucitó vacilante por la maravilla que antepusieron en mis ojos. Se nublaron las chispas de mis pupilas descritas en el llanto de Julio y todo tan pronto como el agujero negro estaba infértil, aquella inocente y flamante lluvia absorbió los líquidos escarlata que se remolineaban por el envase en forma de cuerpo, las vertebras fueron comprimidas a su merced, mi envoltura fue conjuro de sus deseos hasta volverme el más inmundo de los hombres sobre la faz del universo.
Jamás creí que se trozarían esas chispeantes miradas que tergiversaban como cualquier espíritu deambulando descaradamente frente a los ojos de los gatos y de los míos, aterrorizados y estupefactos, pobres, sentí todo al mismo tiempo, todo revuelto y en desorden, se me desprendió la voluntad de las manos y nadie, nadie salía a mi auxilio, sólo estaba yo, ahora bajo el caudal de la rebelde noche que sucumbía esos deseos incontrolables de ser su furia y su bravura. No podía permanecer más tiempo allí, me sentía una pequeñez aplastada sobre la banqueta, nadie venia a mi auxilio, sólo estaba yo, todo era un desorden, mis brazos amontonados y yo sin la posibilidad de desprenderme hasta afanarme en su mirada angelical y voraz. Nadie comprendía mi razón de ser, todos pensaban que sufría algún trastorno a raíz de aquel accidente que sufrió mi cuerpo cuando intentaba lanzarme a los brazos de la exquisita e inmaculada lluvia.

A lo mejor si me volvía una locura para la sociedad, pero para aquella excitante lluvia sería el Dios que adoraría sus fervientes derrames que anunciaban los bramantes chapuceros y el renacer de un nuevo cielo.

-¡Oh! Lluvia, amada mía, vuestro corazón se fundirá cuando mi lluvia interior escarlata se transforme con vos, y tu lluvia con la mía sean lo que nunca pensamos ser, una alcancía de caricias almacenadas en la inmensidad de cada cielo desconocido, alcemos los corazones y callemos el eco en un suspiro erotizado y silenciado, a la fuga, abandonemos la sensación de existir y arrojemonos como la lluvia de cada vida misma.-
FIN.
                                                                                                    I. Goretti.®




jueves, 27 de septiembre de 2012

Día 38. Espejismos de media noche.

Vaya, parecía que todo seguía igual que ayer, ayer cuando simplemente amanecía, miraba en el refrigerador, algo se me antojaba para almorzar, o a veces no, desenmarañaba mis ojos medio adormilados, les vestía con un poco de rayos de Sol y luego, luego caminaba por el pasillo de mi casa, volvía a la recamara, un poco fatigado por el insomnio del día anterior, me recostaba en mi cama aún en pijama, reflexionaba un poco, miraba la pared violeta así como queriendo sacarle platica, era la mejor escena entre ella y yo, era un coqueteo, me cortejaba y le sonreía medio tímido, que buenos momentos vivimos mi querida pared y yo.

Ahora me resulta imposible creer que todo lo maravilloso con la pared era un simple espejismo de media noche, resulta que un día mientras dormía, tuve una pesadilla tremenda, sólo recuerdo que me sobresalté y mi SÍSTOLE-DIASTOLE sin parar como un tren a kilómetros por hora, sentí la fuerza con que se me sacudía aquella maquina que todos llaman corazón, me fue imposible retornar al sueño, por un momento quise sentirme su pared, ser su parte más suya, dejar de llamarme Óscar para ser parte de su simple pared, de su trozo de cemento decorado con pintura violeta, justo como mi nombre sería al unirme a su dulce miel violeta.
No me quedaba más que arrancarme la piel que me sostenía los órganos, y el escurrido líquido que llaman sangre, y los huesos duros y bien nutridos, y que cada sentenciada voz dejase de gritar un poco y se volviese viento de un eco inoportuno que supiese a mar y a nubes.

Cuando desperté aquel día, me dí cuenta que la alarma sonaba sonaba y sonaba pero mi profundo sueño y agotado cuerpo estaban como derrotados sobre esta cama en la que me encuentro ahora mismo, no podía creer que una de mis manos estuviera sobre, dentro del libro que leía la noche anterior, estaba ahí, metida en esas páginas así como arena movediza, me asusté, di un grito y luego carcajeé, era asombrosa aquella escena de imposible creencia, lo más curioso es que del libro se escurrían terrones como de tierra, sí, así como de arena, sentía como mi cuerpo se volvía libro, y no pared como lo había soñado. Tan grande era mi berrinche que me puse a llorar como niña, semejante cuerpo y de voz ronca, solté las primeras lagrimas. 

Aquel espejismo de media noche estaba lejos de mi extrovertida mente, elevé mi libro-mano al cielo y aquella arena se convertía en mí, era algo maravillosamente sublime, mis cabellos, falanges, piernas, brazos, todo era parte de un libro que se sentía arena y mitad humano. 

Al despertar tuve que lavarme la cara, salí de casa con libros y libros en mochila y el desayuno un poco apretado, de nueva cuenta el bus me dejaba por quedarme dormido. Me llamo Óscar y siento que vivo para contar la siguiente historia que nunca conté...
I. Goretti.®

-Una historia más de mis dedos incompresibles, locos y soñadores como su tinta- 

A más de un mes, retomo este medio, mi espacio, tu espacio, la universidad me pide casi tiempo completo, pero he vuelto a dejar mi huella.
Amante de las letras y siempre amiga de ustedes...

-¡¡Buen día Gente Bonita!!-

viernes, 24 de agosto de 2012

Día 37. Buenas nuevas.


Parece como si la tierra me hubiese tragado, pero no, no es así, las cosas han salido maravillosamente, ha sido ésta una semana fantástica y repleta de cosa por hacer, regreso a la universidad, compra de cuadernos, materiales para la carrera, pendientes y más pendientes, en fin, una gran semana, comenzando por los nuevos compañeros, los ya conocidos y tan extrañados, por los maestros nuevos, el ambiente... Todo, todo es una magia total, nada me hace más feliz que volver a las actividades que día con día te hacen crecer, madurar, aprender.

Me ha pasado mucho que dicen que soy muy seria, seria algo así como tímida, más los que no me conocen, claro, pero pienso yo que se equivocan rotundamente, aunque es mejor que me conozcan así con "seriedad" a que me descubran en medio de una vagancia de niños o algún momento de locura total donde no hay quien me detenga, ni el diablo mismo (jajaja).

Los fines de semana serán un poco más "light", pienso y creo o creo y pienso, que será adecuado escribir alguna buena nota cada fin de semana, proyectarles alguna buena nueva, o algún tema que cruce por mi alocada mente de-mente.

-Los libros me esperan, las tareas y demás, también, yo muy feliz atiendo cada libro que me pide ser leído. ¡YUPI!-

Sin más por el momento, dejo mis saludos.




miércoles, 15 de agosto de 2012

Día 36. A un paso de la verdad.

En ocasiones llegué a preguntarme, ¿cuál, cuál es el propósito de esta vida tan desconocida pero a la vez tan placentera que estoy teniendo?  y vaya que de vez en cuando lo sigo haciendo, la cuestión es que cuando me levanto de un tiempo para acá todo es tan distinto, tan cambiado, amanezco con otro aspecto, con otro rostro, todos los días muy distintos, a veces con ese rostro de duda o de risa, de lloro o de incongruencia, a veces de desconcierto o de alegría todos los días. Descubrí que las vivencias que han surgido últimamente ya no son coincidencias, comprendí que tienen un fin, y podría producir un derrumbe en todo esto si continuara hablando de tal forma, pero la realidad es que me encuentro a un paso de la verdad, a un paso de poner nombre a todos los hechos "extraños" "anormales" que a mi alrededor se han formado día a día. Y pareciera que es una locura, al principio lo creía pero no lo fue, una persona cercana y lejana a la vez me hizo reafirmar lo que me ocurre con sus mismas palabras mías, era una coincidencia, pero no lo era, ni mentira tampoco pudo serlo, pero nuestras generaciones se han juntado en este camino para llegar a una misma verdad, a una misma misión, la felicidad compartida.

Lo único que sé es que este cambio está generando grandes cosas, una de ellas la razón de estar aquí, la única razón de saber a qué vine a este pedazo de tierra que me fue otorgado, la única y más valiosa razón de vivir en la búsqueda de todo lo bueno.
El miedo, la pena, el lloro, el lamento, la tristeza, todo aquello apagado y sin color va saliendo de mis pasos, voy marcando una línea opuesta a todo esto, simplemente se va formando una diferencia grande, una diferencia que atraje a la vida mía.

-Estoy a un paso de la verdad, ¿y tú?-

¡Saludos amigos fronterizos!