lunes, 16 de julio de 2012

Día 29. Atracción callejera.

He decidido inspirarme en lo primero que pase por mi mente, un momento... y... nada, en la nada he de inspirarme, bien, no es difícil jugar con su cuerpo, al cabo es "nada", aunque pensándolo bien, mejor no me hago la graciosa, no me inspira nada la nada, más que nada.

Hace tiempo que no voy y bebo un deleitante café en esos lugarcitos cálidos, divinos, donde las personas son simpatiquísimas, te miran y te sonríen cordialmente, ahí donde dejo mi tinta sobre la mesa y el único reloj es el olvido de uno mismo tras el magnifico aroma del café. Mis lugares preferidos, disfrutando de compañía o sin ella, bueno, se recomienda estar muy bien acompañado, si no es del individuo de carne y hueso, se recomienda la exquisita, la única, la de un libro o una pluma, y si se olvida el papel para conversar con uno mismo pues las servilletas pueden resolverlo, pero que sea un secreto porque luego el mesero puede mirar con ojos que mejor ni para que decir cómo, en realidad jamás me ha ocurrido, sólo es una sugerencia desesperada.

Es distinto si lo que pretendes es ir, sentarte, beber café, mientras observas a la multitud, observas, sólo observas, luego comparas miradas, gestos, muecas, y divierte más si se te da por inventarle historias a los desconocidos, añadirle diálogos imaginarios, con su nubecita y todo el drama que le quieras  anexar a la diversión, puedes ponerle su nombre y adecuarlo a tu antojo y concluyes con un giro repentino de "me descubrió, volteate pronto" (jajaja).
Otras ocasiones placenteras es cuando de repente te topas con alguien y te entabla una conversación amena como si antes ya hubiese existido la comunicación, pero ten cuidado, al paso de un momento se puede volver incomodo porque empiezan a piropear, lo malo no son los piropos, sino el hecho de que puede variar la edad, entonces si preocupate (poquito nomas jaja si claro) bueno, todo hecho desagradable se puede evitar si te comportas de manera indiferente pero no descortés, no, hay que ser amables pero no en exceso.

Sí, definitivamente hay que sentirse turista y cruzar miradas con un lugar cómo este, "un Café-Librería", es que confieso que me atraen como los caballeros con sus perfumados pasos sobre las banquetas contiguas con sus miradas nulas y esos armoniosos cuerpos que se menean un paso tras otro paso, me agitan sobrenaturalmente, me enloquecen fácilmente, de veras, son causantes de mis taquicardias, los Café-Librerías (¡eh!), bueno, ambos; pues cosa igual, cómo los momentos extraordinarios que espero con las ansias más esperadas, son asombrosos, se me desarma el corazón al instante, me sostengo en pie, y a medio paso de caer por embaucada surge el encuentro perfecto con la caricia ferviente, arrulladora, aromática e inspiradora de mi lugar favorito ya descrito. Una verdadera delicia estar en estos lugares. Completamente.

Buen lugar para atrapar la mano amada y acariciarla, también, abrazarle, besarle, claro, para encontrar la mirada y el suspiro mutuo del enamoramiento, y para hallarse en el sembradío de poesías con el rocío del romanticismo, compartir silencios mórbidos, rescatar la melodía de la piel erizada y rechazar el afligido sollozo hasta perderse en el susurro; sin miedo a nada.

-¡Basta de cursilerias mías!-


domingo, 15 de julio de 2012

Día 28. Romeo.

En mi memoria, han pasado dos meses y un día, después de haberme despedido de Romeo, fue una estrategia acelerada pero debía tomar la decisión por muy precipitada que fuese, sobre todo porque más allá del amor, existía el dolor que consumía hasta las vertebras, fallidos intentos, fracasos, eso terminó, se nos perdió, no lo quise yo, él sabe como soy, siempre lo quise como a nadie había querido yo. 

-Que no daría por cambiar la historia nuestra-

 Aún me pregunto qué será de él, qué hará en sus mañanas frías, ¿se habrá olvidado de mi adiós y decidió continuar su camino sin el nuestro, acaso habrá llorado el mismo día que yo cuando intenté olvidarme de su todo, aún lo acompañará mi recuerdo, habrá intentado buscarme, mojará mi nombre entre sus labios aquellos crepúsculos insulsos, o tan siquiera silenciar mi rostro en su mente al amanecer como yo lo hice tantas veces, soñar con aquellos instantes que estuvimos juntos, entre risas, misterios, miradas, palabras, y la dulce compañía de un café, leerá una que otra ocasión aquel pequeño libro que con mis manos hice exclusivamente para él, beberá aquel elixir que le hacía recordarme como en una ocasión me lo mencionó, llevará consigo las palabras de mi confesión y de todo lo que hice por el amor que le tenía, o le tengo, habrá pensado algún instante en mí como yo en él, conservará intacto el valor que le dio a nuestra amistad, pensará tanto como yo en la posible reconciliación de nuestros miedos, le dolerá todo este tiempo que seguimos ausentes de los dos, o habrá sido feliz sin mí estos dos meses?

-¿Intentará llamarme en desesperación como yo cuando siento el abismo en el pecho?

Romeo, pude decir -te quiero- cuando las hojas aún no resbalaban de sus troncos, pude tomarle la mano con cordialidad y franqueza, abrazarle con el amor más vivo y puro, pero en secreto mío y fingiendo cariño solamente, pude también sentir el armonioso latir de su corazón y navegar en el mar de su mirada, llenarme de su paz a su lado, disfrutar las olas de su voz, evocar en mi memoria cada instante y volcarlo uno a uno entre los versos más bonitos, pude mencionar su nombre en el firmamento, en las mañanas y en los ocasos crepusculares, me abrió la ilusión, mantuve la esperanza, cegué la razón.

Respuestas solas, preguntas en el viento, laberintos en las nubes, que algún día serán fantasmas o posiblemente un mal sueño que acabó.



Silencio
Creo que no eres el olvido, en este amor,
creo que somos maletas sin rumbo
encontrando el destino nuestro,
no es fácil perdernos en los
caminos del desconsuelo si
nos mantenemos vivos
en el chapucero del
mismo corazón.

V o l e m o s  ~


sábado, 14 de julio de 2012

Día 27. ¿Cómo ser un gran poeta?

Esa fue la ingeniosa pregunta que mi mejor amiga me hizo hoy en horas inusuales (2a.m.), quería saber mi opinión, a lo mejor busca hacer una comparación de respuestas, o me retó con algo que nadie jamás me había cuestionado, ni yo misma, o simplemente quiere conocer mi profundidad como lo que yo sé que soy por muchas razones, una Poeta.

Pues bien, esta pregunta me lleva a varias respuestas, primero, se podría decir que para ser un gran poeta hay que leer poesía, entenderla, escribirla, seguir leyéndola, escribirla, pulirla, darla a conocer, seguir escribiendo, nunca dejarla de lado. Sin embargo, segundo, hay que ser conocedor y buen crítico, convertirse en un maníaco come poesía (estoy exagerando un poco). Y tercero, se puede lograr estudiando, nutrirse con conocimientos para conseguirlo. Ahora, dejemos las respuestas que a lo mejor la mayoría conoce por propia y mera convicción.

La poesía comienza desde que uno nace, sí, o mucho antes, para escribirla uno nace con esa chispa sin que se sepa, se lleva en la sangre esa apreciación por el arte de una manera casi imperceptible, en parte le doy gracias a los genes de mi padre que por ellos le tengo el amor más indescriptible al arte, pero más, a las Letras. Ya no sé por donde continuar, es que no existe método para ser un gran poeta, se siente en lo más profundo de las entrañas, es esa necesidad, ese impulso que no cesa, esa ansia por encapsular palabras a veces impetuosas, desenfrenadas, en forma de versos; muchos inician desde el dolor, el desamor, la soledad, otros por el erotismo, la sensualidad, por la pareja, el amor, o la muerte, pero siempre con una razón o sin ella.

Los poetas somos individuos rebeldes que dejan más que la piel, la sangre y las partículas de nuestro todo ser en un pedazo de papel que se vuelve único en el momento que el verso se asoma con sigilo ante las estrofas desatadas, hay que transformarse en poema para poder escribir, ser el cuerpo invisible que se confunde entre las paredes de las emociones, ser intensidad en las palabras, no seguir las reglas mientras te rijas por la exclusiva regla que sea escribir. 

-Surge la semilla engendrada-

Para ser un gran poeta, hay que ser más que una explicación de lo mismo, hay que ser la imaginación y el poder de la locura, convertirse en insaciable inspiración, pero nunca forzar el deseo, fluir como el río, volverse inmensidad, ser sensible ante la vida, vivir distintos sus días y diferenciar el silencio en el ruido más chillón, encontrarse a veces, en conflictos y ambiciones por escribir donde sea, en una roca, en el techo, en una llanta, en el viento, o hasta en el sol, a falta de tinta y papel. Se sueña más alto que un horizonte, no existen limites, se interesa y conoce a los maestros de la poesía y se les admira, se les aprende y se les elogia, nunca se les imita, se busca la imitación de uno mismo, nunca termina su obra, construye secretos y los vuelca en momentos sin olvido, es la libertad del crepúsculo, es testigo del amanecer, es el vuelo de los sentimientos y la lluvia de los ojos ajenos, o el suspiro tímido de enamorados, a veces somos el beso y la caricia del ser más amado y la expresión de un niño alegre. Somos la maleta que viaja muy lejos y vuelve al término de un punto o una coma, se detiene en signos de admiración y contempla en la pregunta.

Un gran poeta es el Ser que goza instantes y eternidades, no se define como egocéntrico ni el mejor de los mejores, sólo es poeta único en su tinta, se desvive por la pasión y por el perfumado ahogo en los abismos insípidos y áridos para fusionarse en el éxtasis de la palabra jugosa y fresca, el gran poeta regala fragmentos de uno mismo, es lo inexplicable y lo posible.

Es la ciudad, el pueblo sin pueblo, la calle, el pájaro, el perro, el bosque, la brisa, la nube, la espuma, el silencio, el insomnio, el origen, la duda, la dinamita, lo ardiente, la ironía, la lágrima, el engaño, el principio, el olvido, el adiós, la sombra, la mirada, el amparo, el relámpago, el infierno, el cuerpo, el chapucero, el canto y el vacío, somos el rumbo, el tacto y la puerta.
(de manera metafórica no como tal)

-Es, un lienzo en la espera de la mirada latente en forma de poema-

¿Quedó entendido, Miriam?
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