En mi memoria, han pasado dos meses y un día, después de haberme despedido de Romeo, fue una estrategia acelerada pero debía tomar la decisión por muy precipitada que fuese, sobre todo porque más allá del amor, existía el dolor que consumía hasta las vertebras, fallidos intentos, fracasos, eso terminó, se nos perdió, no lo quise yo, él sabe como soy, siempre lo quise como a nadie había querido yo.
-Que no daría por cambiar la historia nuestra-
Aún me pregunto qué será de él, qué hará en sus mañanas frías, ¿se habrá olvidado de mi adiós y decidió continuar su camino sin el nuestro, acaso habrá llorado el mismo día que yo cuando intenté olvidarme de su todo, aún lo acompañará mi recuerdo, habrá intentado buscarme, mojará mi nombre entre sus labios aquellos crepúsculos insulsos, o tan siquiera silenciar mi rostro en su mente al amanecer como yo lo hice tantas veces, soñar con aquellos instantes que estuvimos juntos, entre risas, misterios, miradas, palabras, y la dulce compañía de un café, leerá una que otra ocasión aquel pequeño libro que con mis manos hice exclusivamente para él, beberá aquel elixir que le hacía recordarme como en una ocasión me lo mencionó, llevará consigo las palabras de mi confesión y de todo lo que hice por el amor que le tenía, o le tengo, habrá pensado algún instante en mí como yo en él, conservará intacto el valor que le dio a nuestra amistad, pensará tanto como yo en la posible reconciliación de nuestros miedos, le dolerá todo este tiempo que seguimos ausentes de los dos, o habrá sido feliz sin mí estos dos meses?
-¿Intentará llamarme en desesperación como yo cuando siento el abismo en el pecho?
Romeo, pude decir -te quiero- cuando las hojas aún no resbalaban de sus troncos, pude tomarle la mano con cordialidad y franqueza, abrazarle con el amor más vivo y puro, pero en secreto mío y fingiendo cariño solamente, pude también sentir el armonioso latir de su corazón y navegar en el mar de su mirada, llenarme de su paz a su lado, disfrutar las olas de su voz, evocar en mi memoria cada instante y volcarlo uno a uno entre los versos más bonitos, pude mencionar su nombre en el firmamento, en las mañanas y en los ocasos crepusculares, me abrió la ilusión, mantuve la esperanza, cegué la razón.
Respuestas solas, preguntas en el viento, laberintos en las nubes, que algún día serán fantasmas o posiblemente un mal sueño que acabó.
Silencio
Creo que no eres el olvido, en este amor,
creo que somos maletas sin rumbo
encontrando el destino nuestro,
no es fácil perdernos en los
caminos del desconsuelo si
nos mantenemos vivos
en el chapucero del
mismo corazón.
V o l e m o s ~
-¿Intentará llamarme en desesperación como yo cuando siento el abismo en el pecho?
Romeo, pude decir -te quiero- cuando las hojas aún no resbalaban de sus troncos, pude tomarle la mano con cordialidad y franqueza, abrazarle con el amor más vivo y puro, pero en secreto mío y fingiendo cariño solamente, pude también sentir el armonioso latir de su corazón y navegar en el mar de su mirada, llenarme de su paz a su lado, disfrutar las olas de su voz, evocar en mi memoria cada instante y volcarlo uno a uno entre los versos más bonitos, pude mencionar su nombre en el firmamento, en las mañanas y en los ocasos crepusculares, me abrió la ilusión, mantuve la esperanza, cegué la razón.
Respuestas solas, preguntas en el viento, laberintos en las nubes, que algún día serán fantasmas o posiblemente un mal sueño que acabó.
Silencio
Creo que no eres el olvido, en este amor,
creo que somos maletas sin rumbo
encontrando el destino nuestro,
no es fácil perdernos en los
caminos del desconsuelo si
nos mantenemos vivos
en el chapucero del
mismo corazón.
V o l e m o s ~

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