Las alas de mi pluma fueron escogidas para emprender su vuelo y situarse en la marea de sus ojos, fue mágico encontrarnos ahí, cuando las rocas a lo lejos con sonrisas jubilosas miraban por doquier esperando a que soltara la primera estrofa, incluso había una parvada en escena, quietas todas las aves sin el parpadeo de sus aletas esplendorosas. Había un revoloteo gigantesco que de pronto se generó un extraño temor, se produjo una conspiración en los cielos, al segundo de rendirse las piernas de mi voz se encendió la flama incoherente que recibió una esperanza de ser indestructiblemente feliz al alzarnos las vidas en el bolsillo y soplarle un adiós al silencio desgarrado.
Confíe ciegamente en los ojos enmarcados que se contemplaban a kilómetros del alba, era la sentencia de un amor equivocado y vertiginoso, pero un barranco se encargó del trabajo más difícil, sujetó al dolor y a la tristeza y los empujó con la fuerza merecida, arrojandoles como sobras de la vida insulsa con la rápida y desesperada ilusión de verse de nuevo ahí, estable.
Los fantasmas del pasado se apretujaron en el acto de evaporarse nuestros latidos en forma de señales, esperaba con ansias aplaudir en favor de la sonrisa; me fue bien alinear los cabos que no estaban en su lugar, mandé por un caño al miedo y al dolor, desprendí la emoción pasajera que me llevó por un hoyo negro y me devolvió de un tirón por un remolino; con ello, llegaron señales de armonía y estabilidad. Me jugué las cartas más fuertes y perdí una sola cosa, pero gané un horizonte lleno con aroma, sabor y vista de felicidad.
Me encontré de nuevo con el vuelo de la pluma y le elegí la mejor escena de la vida "escribirle algo a la persona que fue responsable de convertir en aves mis palabras, luego dedicárselo y marcharse antes de verse llover los ojos".
"SEÑALES DE UN PASADO"
I. Goretti. ®
* Él fue la mejor de las señales, por él comprendí el valor de las caídas, recibí la oportunidad de subir un nuevo peldaño con su dulce sonrisa y mirada misteriosa, me convertí en la tinta para bajarle estrellas como lo haría un caballero, bailé mi baile, canté mi canto, le adorné alegrías y dediqué casi dos años a la construcción de un puente para que fuese más sencillo llegar a la felicidad de ambos, pero en el fondo esperé entre laberintos, me senté a verle con tanta pasión y até el pie a la espera incierta. Él, gracias a él por fin solté las alas, me elevé en las alturas y le dejé una nota donde firmaba una despedida, ahora le dedico mi día porque gracias a él gané mejores cosas, gané más vida y más poesía.
Romeo*
Coincidir algún otro día sería otra buena señal, porque ya no dueles ni aquí ni allá.
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