Balbucearon
las palabras por un instante,
se mantuvieron quietas y se
sentaron a esperar
en un rincón de aquella estación de
tren,
con cara de ansiosas rimas de
principio y sin final.
Querían robarse la trova para su
amado,
con la rebeldía más rebelde,
se aferraban con dignidad
y con sus ojeras apretadas.
Se sentían amenazadas por la
ausencia de su tren,
eran arrojadas al túnel consumista
que traicionaba con infames esperas,
pero resistían en clemencia y
esperanza.
Se aferraron a las estrellas con
libertad,
mirarles desde la alcoba de sus
ojos
era una escena de imágenes
preciosas;
fueron juramentos de amor sincero.
Cogieron sus maletas, al fin,
su tren llegaba y sus algarabías
festejaban,
resonaban sus corazones
apasionados,
tan emotivas ellas en sus
letras gritadas.
En años, tantos, fueron condenadas,
se sintieron dichosas de la vida,
ellas eran la dinamita del amor
que recorrían las esquinas del odio
y el desamor.
Entregaban palabras de amor
que reinaría en los corazones de los
hombres,
regalaban olvidos de pasados
y enseñaban sus sonrisas de
prosperidad.
I.
Goretti. ®
Hay que darle ese lugar tan merecido a las palabras, pero
sobre todo, espacio en nuestra vida que tanto nos falta en estos días de
guerras, crisis y demás, hay que demandar el poder que tenemos con sólo la
palabra y arribar en la esperanza de la humanidad.


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