sábado, 26 de mayo de 2012

Día 13. Anécdotas de la vida.

La otra ocasión me ocurrió algo curioso, nunca me había detenido a observar lo hermoso que es un niño con síndrome de down, es una de las personas a las que admiro, pues tienen un corazón grande y una mirada realmente profunda, siembran paz y alegría.

Esa tarde mientras hacia unas compras universitarias, ya estando en el estacionamiento del centro comercial quitando el seguro de mi automóvil (¡ojo! yo estoy a favor de un medio sin contaminación, mi automóvil es una bicicleta) pasó por mi lado derecho un coche tinto, era una señora de aproximadamente 35 años, en la parte trasera del coche iba un pequeño con tan sólo unos 5 años, tuvimos el tiempo para cruzar nuestras miradas, detener el tiempo en instantes y observarnos mutuamente, contemplarnos, fue el encuentro de emociones perfectas, uno de los más dulces momentos que puede alguien tener. El pequeño me saludó con tal rostro angelical, con ese afán de la reciprocidad, yo le devolví el saludo con una gigantesca sonrisa y me fue devuelta esa sonrisa, el coche prosiguió y lo perdí de vista, fue entonces que me vi ahí, detenida, ausente, con un poco de sudor deportivo y agitaciones de agotamiento, yo ahí, junto a mi "automóvil", ahí; entonces comprendí al subirme y pedalear de nuevo esa bicicleta que la mayoría de los sucesos más hermosos son aquellos que no planeamos tener en nuestro día, simplemente pasan por una razón, yo las tomo como la oportunidad de poder cambiar algo, de mejorar, nunca de empeorar o retroceder, siempre en la búsqueda y hallazgo de claves que son indispensables tener en el transcurso de la vida.



-Ese pequeño me hizo sonreír desde el corazón cuando yo más triste me encontraba-


No hay comentarios:

Publicar un comentario