domingo, 27 de mayo de 2012

Día 14. Prosa Imperdonable.

La desesperación es constante y no perdona, debe ser alimentada sino mata lentamente, no justifico la vanidad de la palabra, pero es exigente y a través de la sangre se retuerce hasta no verse  vencedor en su venganza.
Desencadeno verdades que intimidan, voraces sentimientos que no piden ser callados; esto es sólo la entrevista a una persona que me intriga, una persona que necesito conocer más de su pasado y de sus vivencias presentes como futuras, no consigo comprender sus tantas cosas, de dónde surge todo aquello, hay explicaciones que necesitan ser reveladas pero en su momento fueron desplazadas al olvido. Esa persona de la que hablo lleva mi nombre.


He aquí una prosa para empezar la semana.



Tu nombre me sabe a los ecos moribundos que retumban en esta vida poblada/ como el caminante viajero que se despide a diario en las estaciones/ prometiendo volver antes del otoño cuando los pinos se despeinan/ y los crujientes sonidos en los suelos de las calles se confunden con las lágrimas de los árboles.

Tu nombre, el poema imperfecto de todos los días/ que nace con el alba, que muere en el ocaso/ quien le decora a mi pupila el brillo resplandeciente/ y se desploma sobre mi pecho con la intención de  guerrero/ el ferviente ritmo en el firmamento de un vuelo vago/ donde el naufragio es nuestra lluvia de pieles enamoradas.

Tu nombre de fuego que conquista las curvaturas desnudas en forma de galerías mías/ donde inhalas y exhalas mi ciudad interna/ y se me despliega el alma de la tierra, inhibiendo el silencio de las palabras desbordadas/ es como si resurgiera un erizamiento que ofrece claridad de las manos tuyas, de tus manos mías.

Tu nombre lleva el sabor escurridizo, rondando mi caudal con ese aroma tuyo/ quien me sabe a lo prohibido y a la gloria escondida/ es tu nombre, las secuencias de mi reloj desesperado/ un vicio que consume, la fiebre desprendida/ en ese vaivén de tu mirar, un castigo cautivo.

Es tu nombre una fiera, el pelo, los ojos, la boca y nariz, los brazos y manos, los muslos y piernas, las facciones más finas/ remolinos en mi vientre, el perfume de tus poros, locura que se vierte en espasmos/ es tu nombre un libro que me ampara en las palabras que me elevan sin el límite hasta a ti/ el río que recorre por mi dorso, la figura de mis hojas aún sin tinta.



Tu nombre lleva mi tinta / I. Goretti. ®

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