Casualmente, tenía algún tema del cual hablar, pero ésta ocasión me la sacaré de la manga, debido a que no sé que sucede con mis sentidos.
Hablando de cosas buenas, he podido darme cuenta que el tiempo ofrece tantas bellezas, te vas poniendo las cartas sobre la mesa y poco a poco comienza a fluir todo aquello que querías obtener, cumplir, continuar, y te proporcionas el tiempo verdadero para hacer lo que realmente vale en tu vida. Te permites abrir puertas que por miedo no intentabas empujar, ahora todo pinta mucho mejor, cada día es un destello constante de constelaciones que son descifrables, son lo que uno anhela con las fuerzas más fuertes.
Es entonces cuando te detienes, te contemplas hacia dentro, quieto, escuchas el palpitar del corazón, platicas con él, se entienden, respiran ambos, suspiran, se palmean el hombro, se miran y se regalan una sonrisa grata, luego, luego sabes que no hay dicha más grande que girar alguna de tus palmas, o las dos, y mirarlas, observarlas, imaginarles su profundidad, moverlas, acariciarlas, mimarlas, dejarles un beso, luego miras tus piernas, sí, con pies, dedos, morenas, blancas, del color que sean, jugueteas a mover los dedos, subes y bajas las rodillas, las abrazas, les hablas a su oído, luego, volteas hacia atrás y tienes tiempo para charlar con tu sombra, decirle cuanto le quieres y le estimas por la compañía constante, le elogias como lo harías contigo ante un espejo, le repites tu estimación y se hacen más amigos, luego, notas tu cabello, lo apapachas, lo peinas y lo haces sentir como la joya más preciada, luego brincas a tus ojos, ¡qué hermosos! cafés son los míos, pero obscuros, verdes, azules, del color que sean, los vuelves a elogiar, los haces sentir los más divinos ojos, como en una pasarela de famosos V.I.P., luego sin decir alguna palabra, te devuelves a tu interior, sabes que ahí dentro de ti, se esconden los secretos más preciados de cada individuo, los vuelves a mirar, los abrazas, les das el amor más puro y sincero que nadie nunca les haya dado.
A lo mejor pensarán que es una locura todo lo que digo, pero es una especie de ritual en la que sólo eres tú y nadie más, simplemente existes para quererte más y convertirte en un arco iris, en la pintura de la vida que sólo eliges de qué color será el recorrido que des mientras te haces tú mismo, mientras le entregas amor al cuerpo tuyo a base de mimos, de elogios, de sonrisas propias.
-¿Cuántas veces lo has hecho en la vida?-
Alguna vez te has detenido a contemplarte de tal forma y ser el arco iris, sentirte más que humano, alcanzar esa individualidad de ser, singular, inigualable, amado por uno mismo.
Dedicamos la mayoría de la vida elogiando, amando, pensando, llorando, cuidado, mirando, a otra persona que a veces nos hiere, o no, pero ¿cuándo le has pedido perdón o le has llorado, o regalado algo, o cuánto lo quieres y se lo has dicho? ¿cuándo?
Si no lo has hecho, es momento, te reto a encontrarte, a enriquecerte con el mejor mimo y afecto que le puedas ofrecer a tu cuerpo, a tu vida, regalale sonrisas y no tristezas.
ABRAZATE CON EL AMOR DE UN ARCO IRIS;
el más grande, el más brillante,
el más bello e inmejorable,
y solo para ti.
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