Espuma corroída en
los corazones extraños que se fugaron por el azulado espesor de las nubes
manchadas/ ensangrentadas las malicias aterradas por la esperanza crucificada
en la desilusión del paupérrimo paisaje.
Palomas blancas, con los brazos sobre
el tejado, veo yo, brillan, se enredan en un rayo de luz/ han soñado que dejan
sus huellas incendiadas, se ríen, y se van.
Respiras en un vibrar de soledad,
guardianes del consuelo, gritan, braman, aúllan en el viento, se lo
comen/ mueren en su vientre, resuenan cómo rayo, chamuscan las lunas que se
observan, sin color, sin gris.
El reo suplica, cabrón, chilla, se
burla del guardia, teme, calla, estremece las tripas de su hambre y se tira/
fallece la templada oscuridad de las suplicas oxidadas.
Hormigas en el aire del arco iris
solar, vuelven en el recuerdo de una melodía, compongo el poema breve/ me baño
en su tono de niña, quiero en el bus un asiento, cuerpo del insomnio, es lo que
todo pido, café.
Relámpagos burlescos, inequívocos y
chistosos, asesinos de la hoguera, han llorado un fragmento de dolor/ alegría
de la voz mezclada con mar de luna, en lo fugaz del amparo solitario
de las estrellas.
Una desgracia, ¡Ay mi vida!, no te
culpo, no dudo, temo si te pierdo, amor del alba volátil, ¡Ay mi vida!/ no te
vayas, no, no, morirme en el ayer de frente y sin tus pasos.
Noche de New York con rock and roll,
vino tinto despierto, envuelto en un cuadro sin color, festeja/ a destiempo en
las noches de la puerta al amanecer, vuelo nocturno en el otoño de Enero.
Y un día más, en Diciembre, sembramos
cerezos, arrancamos girasoles y envolvemos gardenias/ pechos monumentales
translucen con su sol muy puesto, nadie sabe si es la dama del astro rey de la
luz.
Mezclemos las ironías, los
despechos, los engaños, enterremos sus lujurias, putas, ¡a la horca!/ el mudo
clama con alaridos y despierta el rincón de la piel moribunda.
Mea el perro, brilla la avenida en el
mar agonizante, quebrantando en sus olas los amantes en el horizonte lejos/ y
rompen en fulminante gemido la vida silenciada, anunciada.
Una lápida, una casa, un reloj, una
lágrima, hubo nada en todo, cayeron platos, vasos, entierros del recuerdo/
transitamos la inmadurez de la mañana y clausuramos
el latido con el FIN.
I. Goretti. ®

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